martes, 7 de enero de 2014

LA RELATIVIDAD ADULTERADA

El principio de relatividad, el trascendental hallazgo de Galileo, aún no fue instalado en la conciencia de la humanidad. Nadie sabe adónde nos llevará cuando los físicos por fin lo entiendan. Vivimos tiempos de grandes innovaciones tecnológicas, pero, irónicamente, sobre una teoría atrasada en más de dos mil años. 
El funcionamiento de los artilugios que hoy nos maravillan no se debe al conocimiento acabado de las leyes de la física. La física y la tecnología se potencian mutuamente, pero no son lo mismo. La tecnología es otra actividad. Muchos milenios antes de Newton y Lavoisier ya existían numerosos ingenios y los chinos ya habían inventado de todo sin las leyes de la física y de la química surgidas en Europa.  
¿Qué significa el "hallazgo" del bosón de Higgs? Significa que la era de la relatividad seguirá postergada y que por mucho tiempo más seguiremos bombardeados con "teorías" y "descubrimientos" insólitos. 
Lo que haya sido que encontraron en el CERN no es la "partícula divina", la molécula de un océano universal, sino otro bozal para la relatividad como lo son el espaciotiempo de Einstein, el éter luminífero de Fresnel y el sensorio divino de Newton. La ciencia de la física seguirá a oscuras mientras la relatividad no deflagre en la mente de los científicos. 

                         
                                 ¿Y qué es la relatividad?

La relatividad es inherente a la filosofía atomista del ateo Demócrito. 
Siendo colosal la gravitación de las religiones en los siglos que vivimos, la reivindicación de la relatividad no parece viable en el corto plazo, y quizás nunca lo sea. 
Según Demócrito, la realidad consiste en unidades elementales de materia que se mueven unas respecto de otras en la nada; Todo movimiento es relativo entre los entes existentes; No hay movimiento respecto del espacio porque este no existe; El espacio es 'lo que no existe entre lo que existe' y no, como se cree ahora, un continuo ni granulado cuerpo único universalmente extendido que se expande, se deforma y se agujerea. 
Galileo, en su 'Diálogos sobre los sistemas máximos' explica las consecuencias de la relatividad de la siguiente manera: 
«Encerraos con algún amigo en la mayor habitación de un gran navío, donde haya moscas, mariposas y animalitos semejantes, y además, un recipiente de agua conteniendo pececillos. Suspended también un cubo que gota a gota vierta agua en otro vaso de boca angosta puesta debajo. Y estando la nave detenida, observad atentamente cómo aquellos animalitos, volando con igual velocidad, van hacia cualquier parte de la habitación. Se verá nadar a los peces indistintamente en todos sentidos; las gotas al caer entrarán todas en el vaso puesto bajo el cubo; y al arrojar a vuestro amigo alguna cosa, no tendréis necesidad de enviarla hacia aquella parte con preferencia a ésta, cuando las distancias son iguales, y si saltáis con los pies juntos, salvaréis iguales espacios en cualquier dirección.« 
»Habiendo observado atentamente todas estas cosas, haced mover la nave con cuanta velocidad queráis que —mientras que el movimiento sea uniforme y no se aparte de la línea recta— no reconoceréis la más mínima mutación en todos los efectos mencionados y de ninguno de ellos podréis deducir si la nava se mueve o está quieta; al saltar salvaréis en el piso los mismos espacios que antes y no porque la nave se desplace con gran velocidad daréis un mayor salto hacia popa que hacia proa, aunque en el tiempo que estáis en el aire el piso se mueve debajo de vuestros pies hacia la parte contraria a la del salto; y tirando cualquier cosa al compañero, no será necesario arrojarla con mayor fuerza para alcanzarlo ya esté hacia proa o hacia popa; como antes, las gotas caerán en el vaso inferior sin desviarse hacia popa o hacia proa, aunque mientras la gota está en el aire la nave se traslade muchos palmos; los peces en el agua no nadarán con más fatiga hacia una parte u otra del recipiente que contiene el líquido y limita sus movimientos, y finalmente, las mariposas y las moscas continuarán indiferentes su vuelo en todas direcciones.»

Lo anterior significa: “No hay experimento realizado sin referencia exterior que pueda determinar si el dispositivo usado para tal efecto se encuentra en reposo o en movimiento uniforme”. Y “ningún” significa que no hay excepciones. Cualquier experimento que utilice luz, ondas electromagnéticas o gravitacionales obtendrá el mismo resultado. Y de hecho, habiéndose realizado miles de experimentos, nunca ha sido de otro modo.
Este incomprendido descubrimiento es la esencia de la revolución copernicana, el destilado último del trabajo de Copérnico: la tierra no es el centro del Universo; el Sol tampoco lo es, siendo una estrella más de la inmensa cantidad que existe. Tampoco la galaxia a la que pertenece, ya que hay miles de millones. Todo ocurre como si cada partícula no acelerada fuera el centro del universo y ningún experimento puede demostrar lo contrario.
Sin embargo, la revolución relativista que por fin comenzaba a tomar forma con Newton... fue saboteada por Newton mismo. ¿De qué estamos hablando?
Hoy estamos bajo el imperio de la relatividad einsteiniana, ¿por qué? ¿por qué hay "otra" relatividad? ¿Hubo, entonces, algún hecho físico o experimento que haya revelado la inadecuación de la relatividad galileana? ¿Cuál? ¿El de Michelson-Morley, por ejemplo? ¿Reveló, acaso, este experimento realizado en la Tierra el movimiento absoluto de la misma? 
No hay más que ver las expectativas que impulsaron ese experimento y las explicaciones actuales sobre su resultado adverso para convencerse de que el principio de relatividad nunca fue comprendido por los físicos. El objetivo de ese experimento era, justamente, confirmar la hipótesis contraria, la falsedad de la relatividad, la existencia de un referente universal de movimiento.
Pero dado el resultado adverso, ¿cuál fue la conclusión a la que se arribó? ¿a que Galileo y su principio de relatividad estaban en lo cierto, entonces? Pues, no. Si así hubiera sido no estaríamos metidos en este escándalo. 
Por increíble que parezca, la conclusión fue que la física clásica era inadecuada, insuficiente para describir los fenómenos ópticos y electromagnéticos, siendo que el principio de relatividad y la adición newtoniana de velocidades habían sido validados nítidamente. 
¡Pero tiene que haber motivos para que miles de investigadores desestimen (o no encuentren) esta explicación! ¿Cuáles serían éstos?
En gran parte, tales razones radican en presupuestos inconscientes, entre ellos, la inercia del paradigma en el que los científicos trabajan, como bien lo explicara Kuhn. Esta especie de sistema cerrado no se abandona hasta que no da más, hasta que ya no explica más nada, y así mismo tienen que surgir algunas mentes temerarias con otro paradigma, generalmente resistido, que va ganando adeptos a cuenta gotas hasta formar una masa crítica que desencadena el cambio de marco conceptual.
Por supuesto que en la inercia y cohesión de un paradigma interviene una red de factores subyacentes entrelazados entre los que hay que contar el principio de autoridad científica; la confianza irreflexiva en las enseñanzas infligidas por maestros y profesores; el hecho de que en general se trata del trabajo del cual se subsiste; la seguridad que inspira el consenso, indiferencia, costumbre, etc. Pero la más importante de estas subyacencias es mucho más antigua y tiene raíces harto profundas, tanto que parece formar parte del fundamento de nuestra percepción. Tan poderoso es dicho presupuesto, tan arraigado está en la mente, que Kant estaba convencido de que no existía fuera de ella, sino que nacíamos con esta “condición a priori de la intuición”: el espacio, el marco psíquico donde se organizan los datos que captan nuestros sentidos. 
Es cierto que el espacio no existe fuera de nosotros, pero está tan incorporado como existente en nuestra percepción de la realidad que nos cuesta definirlo sin caer en contradicciones: Acabo de escribir “es lo que no existe”, “es lo que no es”.
Esta dificultad para entender el espacio como “nada” no es solo retórica, viene ocasionando inmensos problemas desde quién sabe cuándo. Los primeros registros de estas dificultades nos llegan a través de Zenón de Elea y sus aporías, contradicciones que surgen por referir el movimiento a la nada, siendo que todo movimiento es relativo entre cosas existentes. 
Por referir el movimiento al espacio tal que existente, Zenón concluyó que el veloz Aquiles nunca podría alcanzar a la tortuga. Tampoco podría alcanzarla un “fórmula uno”o un misil. Mientras que si el espacio no es otra cosa que la nada entre Aquiles y la tortuga, las aporías se esfuman.
No nos extenderemos en las especulaciones de más filósofos que se han ocupado de 'lo que no existe entre lo que existe', pero mencionaremos al notorio Parménides. Éste cortó por lo sano y dijo algo así como “no hay lo que no existe, por lo tanto, no hay lugar para que se puedan mover las cosas, y si las vemos moverse se trata de una ilusión, la razón no valida el movimiento”.
Avancemos unos dos mil cien años hasta Newton: Aunque éste haya sido, según el consenso actual, el mayor físico que haya existido, la mayor parte de su tiempo la ocupó en actividades contrarias a la ciencia. Su perjuicio más grande contra la misma fue introducir en la física al Sensorio Divino/Espacio Absoluto, sin que pudiera nunca, ni él ni nadie, justificar su introducción, que no fuera para sofocar la revolución copernicana (que no es otra cosa que la revolución de la relatividad, la reivindicación del materialismo de Demócrito). 
Las ecuaciones de Newton son irremediablemente relativistas, por eso funcionan, pero Newton, en su mundo esotérico, consideraba que el espacio absoluto existe y que es el sensorio con el que Dios monitorea todo el Universo.
A pesar de que el espacio absoluto no es más que una anécdota en la física de Newton, sin que ésta indique el más mínimo criterio para su determinación —y también que su teoría corpuscular de la luz prescinde de tal espacio—, los textos y artículos actuales de esta ciencia pregonan arteramente que el espacio absoluto es inherente a la física clásica, que ésta no se entiende sin él.

Con Huygens, Young y Fresnel el espacio ya no era el existente pero intangible de Newton, sino un ente manifiesto que transmitía la onda luminosa. 
Es cierto que la luz se propaga como onda y que no hay ondas sin el medio que ondule, pero éste no puede ser un cuerpo universalmente extendido. 
Si todo lo existente estuviera sumergido en un ente universalmente extendido y la luz fuera una onda que se propaga en él, la relatividad no sería válida. La creencia en dicho ente motivó la realización del escrupuloso experimento de Michelson-Morley y su famoso fracaso. El propio Michelson concluyó en que: «No existe tal medio extendido». No le llevaron el apunte. 
La faz científica de la élite abomina del principio de relatividad y de todos los experimentos que lo confirman, como si no le fuera permitido aceptarlo, tal es así que la relatividad einsteiniana no es la relatividad, sino una absurdidad. 
Tanto es así que la esencia de la teoría de la relatividad restringida es: "Todo está en reposo en el espaciotiempo". Si así fuera, no habría nada que se mueva en el Universo como decía Zenón de Elea, lo cual está en contradicción con la teoría de la relatividad general, según la cual "Todo está en movimiento respecto del espaciotiempo". 
Decimos que la teoría de Einstein es 'La relatividad adulterada' para no decir que es una bobada. 
Entonces... si la luz tal que onda no se propaga en un medio universal, ¿cómo es que se propaga? 
Creí haber sido el primero (por ingenuo, por creer que la física era una ciencia) en ocurrírseme la solución, pero años después se me avisa de que hubo alguien antes: Carlos Lugo, que claramente lo expresara en su ignorado libro ‘Los rayos simultáneos’ (Editorial Americalee, 1968). Por mi parte llegué a esta conclusión en Agosto del año 1990, lo comuniqué por correo a físicos y universidades de varios países, sin repercusión, obviamente. 
Por supuesto que después me entero, gracias a Internet y no a la "divulgación científica", de que hay miles de físicos disidentes que dicen cosas parecidas y que lo vienen diciendo desde siempre ('The worldwide list of dissidents scientists'), y no es como dijera Einstein, respecto del libro 'Cien autores contra Einstein', que si él estuviera equivocado bastaría sólo uno para refutarlo. Bastaría sólo uno si hubiera tribunales neutrales laudando al respecto. 
El establishment no auspicia las ideas revolucionarias: Galileo preso; Giordano Bruno quemado vivo; miles de físicos disidentes ninguneados en la actualidad... Entonces, ¿por qué el revolucionario Einstein es tan auspiciado?... Porque no era ningún revolucionario, sino lo contrario. Revolucionario fue Michelson que mediante experimentos sumamente precisos expuso la falsedad de la antiquísima hipótesis del éter. 
En cambio... ¿cuál fue el "mérito" de Einstein y por el cual el conservadurismo científico lo quiere tanto? Reaccionar contra la revolución copernicana y lograr que el éter, aunque falso, se quede en la física. 
"¿Y los dramáticos cambios producidos a partir de Einstein?" pensará Ud. 
Son cambios que se hicieron para no cambiar. Se llama gatopardismo. Gracias a esos "cambios" el espacio no cambió a pesar de todas las evidencias experimentales en su contra. Sigue siendo, en la física establecida, un cuerpo universalmente extendido como hace miles de años.  

                          
                                      Gato por liebre 

Einstein, en su artículo 'Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento', se despacha con la "novedad" de que el éter era prescindible... Pero la inexistencia del éter era cosa juzgada desde que Einstein tenía siete años. La Naturaleza ya había sido consultada exhaustivamente y su respuesta era bien conocida en el ámbito científico. 
Claro que el establishment nunca puso en marcha su maquinaria divulgativa para que se establezca mundialmente que el materialista ateo Demócrito tenía razón, y no los místicos Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Newton, etc., en que el espacio no es un cuerpo, sino 'lo que no existe entre lo que sí existe'. Lo que, en cambio, hizo el establishment fue poner en marcha la maquinaria continuista.
Sucede que por otras razones, ajenas a la ciencia, en lo alto de la pirámide social no es aceptable que se difunda que el espacio es nada. El odio de la élite contra la filosofía materialista viene desde hace milenios, ya que esta filosofía pone la crítica a disposición de todo el mundo y rechaza el punto de vista de la aristocracia y del clero por parcializado y artero. ¿Por qué otro motivo el aristócrata Platón habría propuesto reunir todos los libros del ateo Demócrito y hacer una hoguera con ellos?  
Por décadas todos los experimentos que debían demostrar la existencia del éter habían fracasado. El veredicto de Michelson después de décadas de minuciosos experimentos fue definitivo: "El éter no existe". Lo cual desde entonces fue ratificado miles de veces. 
No obstante que en la ciencia de la física los experimentos son los que tienen la última palabra, casi veinte años después aparece Einstein anunciando que había inventado una teoría en la cual el éter es prescindible... ¿acaso Michelson ya no lo había demostrado? Y a pesar de la rigurosidad y exigencia que le atribuimos a las revistas científicas importantes y de lo estrambótico de la teoría de Einstein... estas igual se publicaron. ¡Qué extraño! ¿No? ¿Qué se estaba tramando? 
No se trataba de una movida revolucionaria, sino conservadora. La intención no era desalojar al éter, si de ello ya se había encargado Michelson, sino de reintroducirlo subrepticiamente con otro nombre y propiedades ad hoc. Ahora lo llamamos "espaciotiempo", el éter que se expande, se deforma y se agujerea. 
Claro que introducir un ente antirrelativista en una teoría relativista (la relatividad antirrelativista) es contradictorio por definición. Las consecuencias de este disparate, las paradojas famosas, los viajes en el tiempo, el incremento de la masa con la velocidad... en lugar de ser asumidas como la demostración de que algo andaba mal, fueron reubicadas en la lista de los fenómenos naturales. 

Suponiendo que fuera cierto que Einstein jamás habría oído hablar de los experimentos de Michelson... ¿qué acerca de todos los demás científicos? ¿Cuál es el interés detrás de la preservación del éter?...
Qué otro que el de salvaguardar las ideas absurdas, tan absurdas que su aceptación signifique la subordinación de los aceptantes. ¿O no vemos cómo se subordinan miles de millones ante otras creencias sin pie ni cabeza?  
Desde la noche de los tiempos vivimos en realidades condicionadas por políticos, sacerdotes y filósofos funcionales al poder. Galileo y otros herejes los sufrieron en carne propia, pero ahora de tan poderosos no necesitan aterrorizar a nadie: les quitan los subsidios, no publican sus trabajos, son ninguneados muy eficientemente... Miles de ellos ni pueden hacer saber que existen. https://www.youtube.com/watch?v=ebqAH5mLZNk  

No hay neutrales que decidan sobre la validez de una idea, sino la élite preservándose como tal, embotando las mentes de las bases con interpretaciones de los hechos lo más absurdas posibles. Al igual que en la novela '1984', en los estratos bajos deben ver la realidad al gusto de la élite, cinco dedos aunque se les muestre cuatro, y no estamos hablando sólo de física. 
La física debería ser el utensilio más importante para el barrido de las falsas creencias. ¿Por qué estamos cada vez más inundados de ellas? Porque ella misma es una falsa creencia que en lugar de barrer a las otras las justifica. Hoy, con la falsa relatividad de Einstein y la actual interpretación de los llamados fenómenos cuánticos, cualquier cosa es posible. Como siempre, mientras existan las clases gobernantes y sacerdotales, el mundo real está subordinado al trasmundo fantástico. (The farce of physics. Bryan Wallace).
Las ideas absurdas no van a desaparecer aventadas por la razón, ¡qué esperanza!, si por absurdas es que son tan patrocinadas. 
Al estar la inteligencia igualmente repartida en los diferenciados estratos sociales, el dominio de unos pocos se consigue embotando el discernimiento de los muchos y encumbrando desinformadores como grandes héroes de la ciencia. 
Newton y Einstein fueron los desinformadores más mimados de la historia, recibieron premios y homenajes toda su vida y su muerte. No es para menos: ambos en su momento desactivaron la revolución copernicana que tanto horror inspira en las alturas de la pirámide social. Hoy con la "divulgación científica", tenemos Einstein hasta en la sopa, pero no se trata de un continuo reconocimiento de sus servicios, sino de dificultar que pensemos por las nuestras.  


                         Pensemos por las nuestras

Para entender cuál es el medio en el que se propaga la luz, sin contradecir la relatividad, es primordial no perder de vista este principio:  
Supongamos un imán... ¿qué es el campo que detenta? ¿un efecto sobre un tercer ente extendido o un existente consustancial al cuerpo del imán? 
Según el principio de relatividad, los campos tienen una existencia independiente, consustancial al cuerpo central, porque si fueran un efecto sobre un tercer medio extendido el campo se deformaría cuando el imán viaja a través de él, y la deformación sería proporcional a la velocidad del imán respecto del ente extendido. Dado lo anterior, un experimentador con un imán podría diferenciar entre el reposo y el movimiento rectilíneo uniforme y así impugnar la relatividad. Nada de eso ha ocurrido. El campo magnético de un imán no nos informa sobre nuestra velocidad respecto del espaciotiempo ni de ningún otro ente universal.
Finalmente: ¿Cuál es el medio que propaga la luz como onda que es?
Volviendo al imán: El mismo es el centro de su campo magnético. Cuando hay modificaciones en la intensidad del campo éstas se propagan como ondas desde el imán hacia el infinito a la velocidad de la luz. La onda electromagnética se propaga en su propio medio, no en uno universal.  En la electrodinámica de los cuerpos en movimiento se debe usar la adición newtoniana de velocidades, ya que los campos propagadores de ondas viajan a la misma velocidad que sus cuerpos centrales.  
Pero ahora sabemos que el tercer ente universalmente extendido nunca fue abandonado. Einstein, en lugar de advertir que la luz participa de la inercia de los cristales que atraviesa o reflecta, instituyó que la velocidad de la luz es independiente del estado de movimiento de fuentes y observadores.
Lo anterior no solo contradice el sentido común, sino las leyes supremas del pensamiento. El segundo postulado de Einstein significa que observadores en cada sistema en MRU se pueden considerar los únicos en reposo en el éter de Lorentz y que son los otros los que están o no en movimiento a su respecto sufriendo contracciones de longitudes y retardos en sus relojes según la velocidad. 
Pero si cada sistema en MRU estuviera inmóvil en el éter de Lorentz no habría movimiento: la misma conclusión que Zenón de Elea, dijimos, y por la misma causa, la de abominar del vacío. Salvo que Zenón estaba feliz con su conclusión, contraria al movimiento, que le daba la razón a su maestro Parménides. 

Las pruebas de que la luz participa de la inercia de cristales y espejos son múltiples. En ellas la luz recorre kilómetros, cientos de ellos, entre lentes y espejos en algunos experimentos de Michelson, sin que su trayectoria se vea afectada en lo más mínimo por la velocidad de la Tierra alrededor del Sol (o por la velocidad mucho mayor alrededor del centro de la Vía Láctea), sin que el fenómeno de aberración se manifieste cuando la luz tiene origen terrestre.
El espaciotiempo y la relatividad se excluyen lógicamente. Una teoría que contenga a ambos es absurda y sus consecuencias también: dilatación del tiempo, contracción de longitudes, aumento de la masa con la velocidad, relatividad de la simultaneidad… 
Una teoría falsa no puede explicar nada y sus contradicciones saltan a la vista. En el experimento de Michelson-Morley, por ejemplo, las ecuaciones de Einstein indican que uno de los brazos del interferómetro se contrajo, mientras que la propia teoría dice que tal cosa no pudo ocurrirle a dicho aparato ya que estaba inmóvil en el laboratorio. Y así todas sus consecuencias. 
Si no perdemos de vista la relatividad, como la describiera Galileo, veremos que los fenómenos cuya explicación mal se le atribuye a la teoría de Einstein encuentran explicación racional en las leyes de Newton. El aparente aumento de la masa con la velocidad, por ejemplo, se debe a que la fuerza de interacción entre campos no depende únicamente de su intensidad y distancia, sino también de la velocidad a la que se transmiten dichas fuerzas, que es relativa como toda velocidad. Es por eso que si una partícula atravesara el campo combinado de un espectrógrafo de masas a la velocidad de la luz no sufriría modificación en su trayectoria: es porque la fuerza de interacción sería nula, no porque la masa se haya vuelto... infinita.