jueves, 9 de enero de 2014

LA VELOCIDAD DE LA LUZ NO ES UNA CONSTANTE UNIVERSAL

Hemos leído, a mediados de Febrero del año dos mil dieciséis, que por fin han logrado detectar ondas gravitacionales y que tal hallazgo confirma la predicción de Einstein de que el espaciotiempo que él inventara propagaría dichas ondas. Nada de eso. Las ondas gravitacionales, tal que modificaciones en la intensidad del campo gravitatorio que parten desde un cuerpo y se alejan hacia el infinito a la velocidad de la luz, no se propagan en ningún espaciotiempo, sino en el campo gravitacional del cuerpo. 
Lo sabemos porque, al igual que el éter, el espaciotiempo no existe. ¿Y cómo sabemos que no existe? No existe porque incumple el principio de relatividad. 
La teoría einsteiniana es antirrelativista. El espaciotiempo es el viejo éter en otro envase, por lo tanto, fue una engañifa el haber apellidado "de la relatividad" a la teoría de Einstein. 
Lo que en realidad implica el principio de relatividad es que los campos gravitacionales conforman con sus masas sistemas independientes. Si los campos gravitacionales fueran hondonadas en un sistema único universal, la relatividad sería falsa. 



                       
                          «Bienvenido al desierto de lo real»

La velocidad de la luz no es constante. Adrede o no, constante es el error que se comete al medirla:
Dada una fuente de luz a distancia sideral que ilumina, por ejemplo, una nave espacial (si la nave viaja con movimiento rectilíneo uniforme en la misma dirección que la luz), la distancia que debe recorrer la luz para llegar a la nave depende del sentido y de la velocidad de ésta. Por lo tanto (y ésto es lo que los físicos no ven o no quieren ver), siendo x la distancia que debe recorrer la luz para cubrir el largo la nave, dicha distancia (igual a la longitud de la nave si ésta estuviera inmóvil) también depende del sentido y de la velocidad de la misma. Y de tal distancia x depende la velocidad de luz que obtendrían los físicos si hubieran instalado sensores en los extremos de la nave y medido el tiempo entre que la luz incide en uno y en otro. Tal velocidad es: v = x/t, siendo, por lo tanto, para ellos v < c si el cuerpo se aleja de la fuente de luz; v = c si está inmóvil respecto de ella y v > c si se acerca a la misma, ya que x sería diferente en cada caso. 
¿Por qué, entonces, los físicos nunca obtienen velocidades de luz distintas de cualquiera sea la velocidad relativa entre la fuente de luz y sus instrumentos? No es porque la velocidad de la luz sea "independiente del estado de movimiento de la fuente y/o del observador", sino porque siempre estropean sus mediciones con espejos y cristales mal instalados en sus dispositivos, ya que estos elementos retransmiten la luz a la velocidad mal llamada c. 
Esta propiedad de la luz, que todos los experimentos exhiben y que la humanidad no ve, es el que explica el resultado del experimento de Michelson-Morley y la única razón por la que, cualquiera sea la velocidad y el sentido del movimiento del instrumento de medición respecto de la fuente de luz, el resultado de todas las mediciones haya sido siempre: x/t = c, y si al improbable lector todo lo dicho le parece una temeridad, se va a asombrar de cuánto 'errare humanum est' estudiando los experimentos cuyos resultados, según la física actual, "demuestran" que la velocidad de la luz es independiente del estado de movimiento de la fuente y/o del observador
Finalmente: La luz no atraviesa los cristales ni se refleja en los espejos, sino que se retransmite en los mismos a los famosos casi trescientos mil kilómetros por segundo. La luz, como todo lo que se mueve, puede tener cualquier velocidad antes de su retransmisión en cristales y espejos. Demostrarlo con experimentos, que no den lugar a interpretaciones disparatadas y que por fin instauren la relatividad como fundamento de la física, no es nada difícil. Sólo hay que medir del modo correcto (sin la interferencia de cristales y espejos) las velocidades de luz directa desde sus fuentes. 
Fuentes de luz de velocidades diversas y fáciles de conseguir son los arcos voltaicos y los sopletes de combustión o de plasma.                                                                                                                                                                                                                                                                    ¿Qué son las paradojas?

A las paradojas, ruedas arriba, fue a parar Einstein al derrapar con una teoría fundamentada en el error descrito. 
Antes de la llamada "física moderna" el vocablo paradoja no tenía connotación positiva. Significaba disparate, contradicción, contrasentido, absurdo, bobada, estupidez... Con cualquiera de sus sinónimos impugnaba, sin hesitar, un razonamiento porque algo estaba mal, o las premisas o el razonamiento en sí. Pero los enemigos de la verdad (de la verdad como bien común) encontraron en el espaciotiempo la salvación para su "éter", el ente antirrelativista que defienden con fiereza a pesar de que siempre es refutado, desde hace décadas, por todos los experimentos que deberían demostrar su existencia. 
Gracias a la quimera del espaciotiempo se sigue postergando la verdadera relatividad (inherente al vacío del materialismo ateo de los filósofos jonios) que desde aquellos tiempos horroriza a las élites al poner la crítica en manos de los pueblos y cuestionar el origen divino de sus prerrogativas: de los que dicen ser dioses, descender de ellos, ser embajadores celestes, dueños de una franquicia divina, etc.
Según Carl Sagan, si la visión de los jonios hubiera prevalecido, quizás hoy la humanidad estaría colonizando la galaxia. La física como ciencia, como búsqueda de la verdad, viene siendo saboteada desde hace dos mil quinientos años como mínimo. 
El éter que Huygens, Fresnel, Lorentz, etc. proponían era, por definición, antirrelativista, contrario al principio de relatividad de Galileo. Y como ningún experimento refrenda esta ocurrencia, esto es, no hay éter (la relatividad es verdadera para desazón de los horrorizados por el vacío), Einstein acudió a su salvataje con el "espaciotiempo", con su éter relativista, con su relatividad antirrelativista. De ahí los disparates que escuchamos desde hace un siglo: «Einstein abrió la puerta a los viajes a través del tiempo y el hiperespacio. Las galaxias ya no están tan lejos».     
Increíblemente, el mundo de la ciencia y de la cultura está convencido de que las conclusiones absurdas de la (anti)relatividad de Einstein son fenómenos naturales. Algunas de ellas fueron deglutidas como verdades indiscutibles, otras como altamente probables y dignas de consideración. Resulta que la física moderna ha descubierto que:
«El inconmensurable Universo era del tamaño de un huevo de paloma, y mayormente consiste de un espacio material que se expande, se deforma y se agujerea»; «Con la velocidad el tiempo se estira y la masa aumenta»; «Hay gente viviendo en el pasado y en el futuro, y las leyes de la física no impiden que vayamos a visitarlos»; «Podríamos viajar a otras galaxias en tiempos mínimos con suprimir las monstruosas distancias entre ellas mediante el plegado del espacio»; «Nuestro universo no es único, sino uno de los tantos del multiverso»; «Existen innumerables realidades paralelas (y quizás comunicación y tráfico entre ellas)»; «A la realidad la creamos los individuos cuando la observamos»... 
 Y así una larga lista de delirios a pedir de boca de los autores de novelas y de filmes de fantasía, si no son los científicos los que plagian a los novelistas, ya que 'Un yanqui en la corte del Rey Arturo' fue publicada cuando Einstein tenía diez años y 'La Máquina del Tiempo' cuando tenía dieciséis, y las historias sobre trasmundos y de gente venida de los mismos, y que viva o muerta se fue a vivir a ellos pueden rastrearse desde hace miles de años.        
Con la ciencia arrumbada y el buen sentido humillado era de esperar que, potenciado por los medios de comunicación masiva, el oscurantismo se instalara a sus anchas. Hasta vemos algunos físicos sintetizando física cuántica con santonismo hindú. A otros desbarrancándose en afirmaciones tales como que vivimos en el mundo virtual de un superordenador alienígena, y que fanáticos del futuro o del sistema de Alfa Centauri nos sabotean la costosísima "Máquina de Dios". 
Dicho sea de paso, el objetivo de La Máquina de Dios y el de los enemigos del conocimiento como bien común (desde los tiempos en que el místico Platón pugnaba por silenciar al materialista Demócrito) es el mismo de siempre, el mismo que auspiciara la comisión del fracasado experimento de Michelson-Morley: demostrar la existencia del océano de Dios, negar la nada, ocultar la relatividad, aniquilar al materialismo. Por lo tanto, si el principio de relatividad es verdadero, la ingente cantidad de recursos invertidos en el LHC tiene más que ver con la construcción de las grandes catedrales medievales, los monumentos egipcios, los moáis, etc. que con la búsqueda de la verdad.   
Como sabemos, en el año 2012 el CERN anunció haber encontrado la Partícula de Dios, la molécula del océano universal de Higgs. Si este hallazgo es verdadero, el principio de relatividad es falso, y es doblemente falso si, como lo afirma la NASA con su costosísimo Gravity Prove B, también es verdadero el océano universal de Einstein: el espaciotiempo de la TRG.

Por si no lo decimos más adelante, el espaciotiempo de la Teoría de la Relatividad Restringida no es el mismo que el de la Teoría de la Relatividad General, porque mientras todos los cuerpos del Universo están en reposo respecto del primero, todos los cuerpos del Universo atraviesan al segundo.  
«¿Y la lógica?», quizás Ud. se pregunte.
La lógica está divorciada de la física desde hace más de un siglo. 
Entonces¿por qué se llama «de la relatividad» la teoría de Einstein stanto es que existen el espaciotiempo de la TRG y el campo de Higgs? ¿Cuál es, según la TRG y el Modelo Estándar, la velocidad de la Tierra respecto de cada uno de ellos? ¿O están inmóviles uno respecto del otro? ¿Son los agujeros de gusano del espaciotiempo también túneles dentro del campo de Higgs?



                  La humanidad reprobada en Cinemática         

Si gente tan inteligente como los doctores en física aceptan y defienden algo tan obviamente falso como lo es la constancia de la velocidad de la luz... qué queda para el resto de los mortales.
Algo decididamente mal están haciendo las academias en la cabecita de los jóvenes para que de grandes sean tan refractarios a las revisiones, ¡caramba! ¿no es que sin escepticismo no hay ciencia y que ésta no avanza si no es derrumbando las ideas instaladas? Hace más de un siglo que la física está atorada con la teoría de la (anti)relatividad de Einstein. Mire lo que pasaría si su principio de constancia de la velocidad de la luz fuera verdadero:
Figúrese que estamos sobre un segmento en cuyos extremos hay dos puntos de referencia: A y B, y nos llega luz (flecha azul desde la izquierda) proveniente de una fuente remota respecto de la cual estamos inmóviles.
En estas condiciones, el tiempo que le toma a la luz recorrer la distancia D entre los puntos A y B es T=D/c. Este recorrido es el mismo tanto en el sistema de la fuente como en el del segmento.
Pero si el segmento se mueve respecto de la fuente con velocidad y dirección constante, el tiempo que le tome a la luz recorrer la distancia entre los puntos A y B va a depender de la distancia que para esto deba recorrer la luz desde su fuente, lo cual depende del sentido y velocidad del segmento respecto de la fuente.
Esta verdad refuta automáticamente al postulado de constancia de la velocidad de la luz en la parte que reza que tal velocidad es independiente del estado de movimiento del observador. 
¿Cuál es el hecho que impugna, sin atenuantes, al principio de constancia de la velocidad de la luz? Pues, el movimiento mismo. Un rayo de luz recorre —respecto del origen de su trayectoria—, distancias iguales en tiempos iguales, pero en otros sistemas de referencia el mismo rayo recorre tales distancias en tiempos distintos.
Entonces: Para los observadores sobre el segmento, la distancia recorrida por la luz desde A hasta B será, por supuesto, siempre la misma. Lo que cambia es la distancia que para esto la luz debe recorrer respecto de la fuente, lo cual se traduce en un tiempo distinto para los observadores en el segmento, una velocidad distinta de luz que aún no se ha visto por no usar los dispositivos correctos.
En cambio para los devotos de la constancia de la velocidad de la luz, el que siempre es el mismo es el tiempo de recorrido de la luz desde A hasta B, cualquiera sea la velocidad y dirección del segmento respecto de la fuente. No importa si para esto la luz tuvo que recorrer un micrón (si el segmento se dirige hacia la fuente a la velocidad necesaria para que esto ocurra) o un millón de años-luz, si el segmento se aleja de la fuente también a la velocidad que haga falta.
Si el segmento se mueve hacia la fuente, la luz primero alcanzará el punto A, y respecto de la fuente deberá recorrer una distancia menor que D para llegar al punto B, porque éste se movió hacia la luz en ese intervalo. Por lo tanto, el tiempo del recorrido entre A y B será menor a D/c en este caso, y será mayor si el segmento se mueve en el sentido contrario. Pero como nunca se han visto velocidades de luz en el vacío críticamente diferentes de la medida por Michelson, no hay más que dos explicaciones para esto, elija una.


Primera explicación:
Cuando el segmento viaja hacia la fuente... se estira (?) para compensar la distancia menor que de otra manera recorrería la luz para tocar los puntos A y B, ya que una vez alcanzado el punto A, el punto B le vendría en contra. Cuanto mayor sea la velocidad del segmento hacia la fuente, más deberá extenderse para conservar el tiempo de recorrido de la luz de A hasta B constante. El segmento podría alcanzar longitudes espeluznantes si viaja hacia la fuente a velocidades próximas a la de la luz ("Elongación de Ledesma"), pero por lo menos no corre el riesgo de desaparecer como cuando viaja en la dirección contraria.
Cuando el segmento viaja en la dirección contraria (alejándose de la fuente)], la luz tendría que recorrer una distancia mayor, respecto de su fuente, para llegar al punto B una vez alcanzado el A, porque B se le alejaría en ese intervalo. Para mantener constante el tiempo de recorrido entre A y B, el segmento deberá contraerse lo que sea necesario para que no exista tal aumento de distancia respecto de la fuente. El segmento se reduciría a dimensiones inimaginablemente minúsculas a velocidades próximas a la de la luz junto con los desdichados observadores (Contracción de Lorentz). Si para mantener constante la velocidad de la luz lo que modificamos es el tiempo, pasaría que, contradiciendo al einsteinismo, los relojes atrasarían o adelantarían según el sentido del movimiento.


Segunda explicación:
Esta disuelve las paradojas de la física actual, deja expuestos como absurdos a fenómenos como la "elongación de Ledesma", la contracción de Lorentz, etc. Torna a la naturaleza inteligible y desbloquea el camino hacia mejores teorías. Esta explicación propone que los observadores sobre el segmento han instalado en el punto A (ignorantes de las consecuencias) algún elemento (como cristales o espejos) en el cual la luz se retransmite cambiando su velocidad. Entonces la luz, partiendo ahora desde el punto A, no se propagaría en el sistema de su anterior fuente, sino en el de dicho elemento solidario al segmento, cubriendo, ahora sí, la distancia entre A y B en el tiempo D/c, sin comprometer las dimensiones del mismo y sin un comportamiento escalofriante de los relojes.
Como ya habrá quedado claro, si con todo lo explicado Ud. todavía cree que la velocidad de la luz no tiene por qué cambiar cuando atraviesa un cristal o se refleja en un espejo, es porque para Ud. el espacio no es la nada, sino un cuerpo universalmente extendido. Ud. está en contra de la relatividad.



Experimento mental estilo Einstein

El siguiente experimento mental ha sido enviado mediante correo, en Enero de 1991, a sesenta universidades y laboratorios del ancho mundo. Lo mismo hice con los argumentos de esta monografía hasta el año 1996 mediante cuatrocientas cartas. Ni hablar de los miles de Email enviados luego a todos los físicos y estudiantes de física cuya dirección encontraba. Tendría que haber sido suficiente para que alguien se despabile: ¡Qué esperanza!
Buscando gente menos hermética, les escribí, más de una vez, a cientos de filósofos de la física (provenientes de la física y de la filosofía) cuya dirección de Email encontraba. Me contestaron dos, famosos en el ramo: Uno, que no podía ocuparse de mi propuesta porque tenía un familiar enfermo, y otro, que estaba yo inexorablemente equivocado, cualesquiera fueran mis argumentos. 
En este experimento mental se expone en forma didáctica lo que ya han demostrado miles de experiencias anteriores: que la luz participa de la inercia de su origen de trayectoria —cristales y espejos en el experimento de Michelson-Morley— aunque lo prejuicios no permitan su refrendo.
Por mencionar experimentos conocidos, además del de Michelson-Morley que se analiza en otra entrada de este blog, están los de Fizeau y otros de Michelson anteriores y posteriores al famoso hecho con Morley, donde la luz recorre muchos kilómetros sin que se manifieste el fenómeno de aberración de la misma.
Este experimento mental demuestra que la velocidad de la luz en el vacío no puede ser constante, que depende del estado de movimiento de fuentes y observadores, que se propaga en el sistema de su origen de trayectoria y que cambia de velocidad cuando es reflejada, ¿qué le parece? ¿No debería ser suficiente para que la vida intelectual de la humanidad se sacuda violentamente?
De las primeras cartas enviadas en Enero del 1991 recibí cuatro respuestas (dos de Inglaterra, una de la India y otra de Argentina) de físicos que en lugar de advertir que este dispositivo desvanece las reglas de Einstein, me enviaban pacientes lecciones acerca de las mismas. Y algo más insólito aún (no haga lo mismo): alteraron las condiciones del experimento para analizarlo con ellas.
El experimento es el siguiente: un observador (uno solo ¡no ponga otro!) se halla situado en el justo medio de una plataforma en cuyos extremos se hallan dos fuentes de luz, apagadas por ahora. 
Esta plataforma se mueve en forma rectilínea y uniforme respecto de otras dos fuentes de luz, también apagadas, separadas una de la otra por la misma distancia que separa las de la plataforma, como muestra del dibujo abajo.



Cuando las fuentes sobre la plataforma móvil pasan por la posición de las fuentes fijas, como muestra el dibujo móvil de abajo, sobreviene el contacto entre las fuentes y como consecuencia se produce el destello simultáneo de las cuatro.



El dibujo móvil se ve, bastante mal, en movimiento en Youtube. Buscar "Einstein tiene razón (Einstein is right)".


Por supuesto que la plataforma no se queda detenida ahí, sigue su camino mientras las luces se dirigen al observador. Es necesario enfatizar que los dos destellos originados por las fuentes sobre la plataforma son vistos simultáneamente, esta es la condición principal que garantiza, de acuerdo con la relatividad, el simultáneo contacto y destello de las cuatro fuentes, obviando así la supuesta modificación de Lorentz de las distancias entre las fuentes en cada sistema.
En total acuerdo con la relatividad galileana, el observador percibirá primero el destello emitido por la fuente externa hacia la cual se dirige, luego y simultáneamente verá los destellos que partieron desde las fuentes sobre la plataforma y por último va avistar el destello producido por la fuente externa de la cual se aleja.
Si la razón reinara en las academias de ciencias exactas del mundo, el resultado de este experimento desataría estampidas de estudiantes y profesores por los pasillos de las universidades y honorables suicidios en masa, pues queda demostrado que no hay una única velocidad para la luz, porque el observador en su sistema de coordenadas percibe en tres tiempos distintos cuatro destellos que partieron simultáneamente desde una misma distancia.
Si pusiéramos otro observador, equidistante entre las fuentes externas, él también percibiría cuatro destellos en tres tiempos distintos que partieron simultáneamente desde una misma distancia. Los destellos fueron tan simultáneos para él como para su colega sobre la plataforma en movimiento. Entonces, la simultaneidad es independiente del sistema donde el observador esté ubicado y no implica velocidades instantáneas.
Si reemplazamos las fuentes sobre la plataforma por espejos convenientemente orientados (los espejos encenderían las luces, como muestra no muy bien el dibujo abajo), el resultado es el mismo.
Las luces emitidas por las fuentes externas alcanzan al observador en distintos tiempos y las reflejadas por los espejos llegan simultáneamente, entonces, la velocidad de la luz reflejada en un espejo es la conocida c, la única medida hasta ahora. Antes de llegar al espejo puede ser menor o mayor.
Einstein, en sus experimentos mentales, coincide totalmente con lo aquí expresado: él dice que las luces de origen externo llegan en distintos tiempos al observador porque viajan distintas distancias desde sus fuentes. También dice que las luces desde la plataforma llegan simultáneamente al observador, ya que parten al mismo tiempo y recorren la misma distancia ¿qué significa esto? que también para Einstein, sin que tuviera consciencia de ello, en este experimento habría tres velocidades distintas de luz.
La adición de velocidades clásica es válida aún para la luz, ella estaba presente en las especulaciones de Einstein por necesidad lógica, pero a la vez propuso el segundo postulado que dice lo contrario.
De la relatividad de Galileo se desprende que la luz, en tanto que onda, se retransmite en cristales y espejos propagándose en el sistema de estos elementos. Pero como el espacio como ente real tal que hipótesis subyacente no le permite a los físicos considerar esa posibilidad, la ciencia sigue empantanada, mientras que la comunidad de la física, vendados sus ojos como Don Quijote y Sancho Panza, presumen de estar avanzando a velocidades de vértigo.


                          Consecuencias de la ilógica


Una mentira eficiente es la que aparenta coherencia con los hechos. Algo de esto sucede con las ecuaciones del híbrido einsteiniano.
¿Acaso es posible llegar a ecuaciones coherentes partiendo de una premisa falsa? Claro que no, pero sucede que el criterio para justipreciar coherencias falla bastante, como el del científico que llegó a la conclusión de que la araña sin patas se vuelve sorda.
Como hemos leído en su artículo del año 1905 'Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento', Einstein vinculó dos sistemas en velocidad relativa mediante una misma velocidad de luz. Con esto creyó estar estrenando su flamante segundo postulado, cuando en realidad es un planteo clásico de la dinámica de Newton que describe interacciones entre partículas a velocidades cercanas a las lumínicas.
Cada interacción obedece a la tercera ley de Newton (acción y reacción) y dichas fuerzas no son instantáneas, se propagan a la velocidad de la luz.
Aunque en interacciones a bajas velocidades (empujar un mueble) consideramos que acción y reacción son simultáneas, sabemos que son consecutivas. La reacción es consecuencia de la acción y hay un tiempo entre ellas.
El tiempo entre acción y reacción deviene importante cuando la velocidad entre las masas que interaccionan es comparable a la velocidad a la que estas fuerzas se transmiten, ya sea dentro de las masas de las partículas que colisionan (el rebote no es instantáneo) o dentro de los campos eléctricos y magnéticos cuando la interacción entre masas ocurre mediante estos.
Como ejemplo de la interacción por medio de un campo eléctrico, magnético o combinado, está el de una partícula atravesando a gran velocidad el entrehierro de un espectrógrafo de masas, como muestra el dibujo abajo.
El ejemplo es conveniente porque mediante este instrumento los físicos creen observar el aumento de la masa con la velocidad todos los días.
Las fuerzas de acción y reacción entre la masa de la partícula y la masa del instrumento son transmitidas en sus campos a la velocidad de la luz como lo calculara Maxwell. Sin embargo respecto a las masas implicadas, tal velocidad de transmisión es relativa como lo indica el famoso y nunca entendido factor pitagórico. Este es el significado del factor pitagórico: no expresa otra cosa que la relatividad de la velocidad de luz en una teoría que dice basarse en su constancia.
Dicho factor no tiene sentido en el experimento de Michelson-Morley porque el instrumento no se mueve respecto del medio de propagación de la luz, pero sí tiene sentido en la descripción de las interacciones a velocidades lumínicas porque, en el caso del espectrógrafo, la partícula atraviesa el medio de propagación de las fuerzas de acción y reacción.
Veamos la expresión einsteiniana para la dinámica puesta más abajo ¿qué debemos interpretar allí? ¿Acaso que cuando una partícula pasa por un espectrógrafo de masas a la velocidad de la luz hace falta, debido al aumento de la masa con la velocidad, una fuerza horrorosamente grande entre partícula e instrumento para desviarla de su trayectoria?
Si se tratara de un acelerador de partículas podría interpretarse que para alcanzar velocidades cercanas a las lumínicas hacen falta fuerzas enormes, pero la explicación es muy distinta y totalmente inteligible. Lo que sucede en realidad, sin dar lugar a ningún otro tipo de interpretación, es que cuanto mayor es la velocidad entre las masas que interaccionan, mayor será, relativamente, el tiempo entre la acción y la reacción y por lo tanto menor será la fuerza efectiva implicada.
El factor pitagórico tiene sentido en el numerador, por lo menos en este contexto, porque si la partícula se mueve dentro del campo del instrumento a la misma velocidad a la cual se transmiten las fuerzas de acción y reacción, que es la de la luz (v = c), la velocidad relativa entre la partícula y la onda de transmisión es nula y por lo tanto así también la fuerza resultante efectiva (f) de interacción y como consecuencia la trayectoria de la partícula no será afectada. Esta es una interpretación razonable y no que la masa de la partícula haya aumentado tanto con la velocidad que sean necesarias fuerzas inmensas para desviarla, tal cual es la interpretación de la física moderna.
Lo que adjunta más confusión en los cerebros de los físicos es la observación de un fenómeno atribuido al retardo de los relojes anticipado por Einstein. Ya vimos que no hay dilatación del tiempo sino un protagonismo mayor de la demora entre acción y reacción cuando los cuerpos interaccionan a velocidades cercanas a la de la luz.
Como éste es un ensayo dirigido a gente informada (o que se informará después), daremos una explicación bien resumida para ir terminando este artículo.
El atraso de los relojes no es consecuencia de la (anti)relatividad einsteiniana ni tan digno de asombro como sus adeptos lo hacen parecer, y lejos de dar razones a la pretensión de viajar en el tiempo.
La causa del atraso de los relojes debido a la aceleración no es menos trivial que otras como el desgaste, la suciedad, la humedad o pilas acabadas. Es una consecuencia más de las previstas por las leyes de Newton: usemos como ejemplo gráfico el “reloj de luz”, usado por el einsteinismo para convencernos de que tal fenómeno ocurre en sistemas ajenos. Lo cual es falso debido a que, como ya se explicara, la luz no se propaga en un sistema universal, sino que participa de la inercia de su origen de trayectoria. En cambio, en sistemas acelerados ese fenómeno es obvio y necesario porque la distancia recorrida por la luz es mayor, como se ve en la figura.
A la izquierda está el reloj de luz funcionando en estado de reposo o en movimiento rectilíneo uniforme. Al participar la luz de la inercia de su origen de trayectoria, no hay atraso del reloj porque la composición newtoniana de velocidades también se cumple para luz. Pero a la derecha el reloj de luz funciona en un sistema acelerado, por lo cual atrasará sin remedio debido a que el trayecto entre los espejos es mayor.
Con respecto a la paradoja de los gemelos, no hay paradoja. El movimiento relativo no desincroniza los relojes, lo que sí lo hace es la aceleración.

A MODO DE CONCLUSIÓN:
Con creencias en trasmundos parasitando la casi totalidad de los encéfalos humano, incluidas las supuestas mentes científicas, y con doctrinas igual de irracionales infiltradas y ocupando puestos de mando en los cuarteles de la lógica, ¿cuánto más habrá que esperar para que la física se convierta en una ciencia, es decir, una actividad consagrada a descubrir la verdad? Porque hoy no es ni por asomo la luz magnífica que barre las supersticiones y despeja el camino hacia una edad de la razón (no hay más que mirar a nuestro alrededor). Su existencia solo es tolerada, y bajo estricto control, por los gigantescos negocios que genera.

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