domingo, 4 de febrero de 2018

Las ecuaciones de Maxwell

James Clerk Maxwell murió hace ciento treinta y ocho años, sin enterarse de que el principio de relatividad de Galileo es válido también para la luz, esto es: que esta no se propaga en un medio común a todas las fuentes que la emiten ni a todos los cristales que atraviesa ni a todos los espejos que la reflectan. La inexistencia de dicho medio común fue demostrada seis años después de su muerte por Albert Michelson y su interferómetro.
Tampoco llegó a saber Maxwell que el electrón es la unidad elemental de electricidad, demostrado por J. J. Thomson dieciocho años después de su muerte, ni que el electrón es también la unidad elemental de magnetismo, descubierto por Stern y Gerlach cuarenta y tres años después de su muerte. Ergo, las ecuaciones de Maxwell serán muy provechosas, pero... ¿cómo podría su interpretación no estar equivocada?
Es una pena que Maxwell no llegara a saber de estos tres hallazgos, porque los físicos que lo siguieron no hicieron nada al respecto.

Si al improbable lector lo dicho en el párrafo anterior le parece aberrado o insensato, que se acuerde del éter: 
El éter fue defenestrado experimentalmente por Michelson a fines del siglo XIX, y juzgado superfluo por Einstein a comienzos del siglo XX. (Repare en el anacronismo: El éter considerado superfluo diecinueve años después de demostrada su inexistencia). ¿Y qué fue del dicho ente después de tamañas descalificaciones? Quizás el lector lo creía erradicado de la Física desde hace un siglo. Nada de eso. Se encuentra lo más campante y diversificado en el siglo XXI.
Es más, el éter es el ente más conspicuo de la Física, pero a Ud. se le pasa desapercibido, oculto tras otras denominaciones: Cuando tercia en las interacciones eléctricas y magnéticas lo llaman "campo electromagnético", y en las gravitacionales, "espaciotiempo". 
La esencia del éter no es otra que la de intermediar en las interacciones. 
Hoy, como si el éter único del siglo XIX no fuera suficiente para llenar el vacío que elucubraron los físicos jonios, según la teoría cuántica de campos tenemos un ente intermediario por cada clase de partícula que existe, aún siendo que el principio de relatividad no significa otra cosa que la renuncia a creer en tales engendros.

Entonces... ¿qué significa que el éter-campo electromagnético no exista? Significa que en el experimento de Michelson-Morley, por ejemplo, la luz no viaja de espejo en espejo en un campo compartido, sino que cada espejo tiene el suyo. La luz no rebota en los espejos ni atraviesa los cristales, sino que se retransmite en los mismos y se propaga en sus campos a 300 mil Km/Seg. 
Lejos de ser esta una hipótesis temeraria, es la conclusión a la que nos lleva la lógica si la premisa es el principio de relatividad. 
¿Y qué pasa si éter-espaciotiempo no existe?
Pasa que las ondas gravitacionales no se propagan (como hoy se cree) en ningún ente universal, sino (de acuerdo al principio de relatividad) en campos gravitatorios propios de cada masa. 
Relatividad significa que en el Universo no existen campos comunes a todos los cuerpos y que intermedien en sus interacciones, sino que cada cuerpo es un foco de campos de diferente índole: gravitacionales, magnéticos, eléctricos... Cada cuerpo no atraviesa sus propios campos, sino que constituyen un sistema, sistema que se mueve a través de los campos de otros cuerpos con velocidades distintas respecto de cada uno.  
   
Encima, no obstante los noventa y seis años desde el hallazgo del magnetismo del electrón, como si nada siguen vigentes la "Ley de Faraday" y la "Fuerza de Lorentz", según las cuales el campo magnético de un imán en movimiento interacciona con los campos eléctricos de los electrones, no con sus magnéticos, lo cual es de una falsedad fácil de exponer:
Un campo magnético en movimiento bombea fácilmente electrones por dentro de un alambre de cobre, pero el papel picado electrizado le es totalmente indiferente. ¿Por qué?
Porque en el primer caso el campo magnético externo no interacciona, como dijimos, con el campo eléctrico de los electrones, sino con el magnético, y en el segundo caso el campo magnético externo no interacciona ni con el eléctrico ni con el magnético. 
El improbable lector se preguntará... "¿Y por qué no habría de actuar sobre el campo magnético de los electrones del papel picado?". Pues, porque en el alambre de cobre los electrones son libres de mover, ordenar y sumar sus campos magnéticos, y en el papel picado no. 
Al correr, recordemos el experimento de Oersted, los campos magnéticos planos y circulares de los electrones se acomodan transversalmente, y el sentido de sus líneas de fuerza obedece a la después llamada regla de Maxwell.  
En el material aislante los campos eléctricos de cada electrón son (como siempre) indiferentes al campo magnético externo, y sus campos magnéticos al no moverse ni ordenarse, ídem.      

¿Por qué decimos que los electrones están constituidos por unidades elementales de electricidad y de magnetismo que no interfieren entre sí, pero tienen una vinculación esencial?
Porque cuando a instancia de una batería corren por un alambre conductor, las líneas de fuerza de sus campos magnéticos circulares no se orientan azarosamente, sino de acuerdo a la regla de Maxwell, y no es que dicha regla funciona la mitad de las veces que conectamos la batería. 
Lo mismo ocurre con los electrones en un tubo de rayos catódicos: al haber sido orientados eléctricamente, su campo magnético circular resulta orientado según la regla de Maxwell.   
No es lo que ocurre en el experimento de Stern y Gerlach. Aquí los átomos de plata no corren obedeciendo la regla de Maxwell porque no fueron propulsados y orientados por un cañón de electrones, sino eyectados a presión desde un horno a través de un orificio. Cuando alcanzan el campo magnético del imán permanente, lo hacen en un total desorden de orientaciones y al atravesar el mismo resultan desviados la mitad de las veces en un sentido y la mitad en el otro. ¿Por qué en dos sentidos?
Porque, como si de atrapar monedas en el aire se tratara, el campo magnético del imán encauza en planos verticales al campo magnético circular de los átomos de plata, quedando estos al azar de un lado o del otro, o sea, con sus líneas de fuerza circulares en un sentido o en el otro, horario o antihorario, depende del lado que se los mire.  
   
Si varía la diferencia de potencial eléctrico en los extremos del alambre conductor, varía la corriente de electrones y por lo tanto la intensidad del campo magnético, pero en el vacío, donde no hay electrones que se orienten y desorienten, la variación de la intensidad de campo eléctrico no genera variación de campo magnético ni viceversa. Mal podría la onda electromagnética constar de dos ondas de campos distintos que se crean el uno al otro. Ambas ondas son independientes y viajan juntas coincidiendo en sus máximos y sus mínimos, como siempre fuera representada en gráficos. 
La onda eléctrica se disipa rápidamente y la luz que vemos es sólo la magnética. ¿Por qué lo sabemos? Pues, porque si el medio de propagación de la luz no fuera plano como el campo magnético y perpendicular a los objetos que ilumina, no podría polarizarse, y si fuera cierto que la luz también consta de un imprescindible campo eléctrico siempre trasversal al magnético, no podría transponer un filtro polarizador.

Entonces, contrariamente a las creencias actuales, el campo magnético elemental es plano y no tiene polos, sino sentido en sus líneas de fuerza circulares, y lo que tiene sentido tiene antes y tiene después. Mal pudieron existir, alguna vez, monopolos magnéticos, o sea... anteses por un lado y despueses por el otro.  
Los polos magnéticos no son necesarios al magnetismo, sino contingentes. No hay ningún polo en un imán toroidal magnetizado longitudinalmente, pero tras la contingencia de cortarlo al medio aparecen dos imanes con sus nortes y sures. 
Tampoco hay polos en los campos magnéticos de los alambres rectos por los que circula corriente contínua, sino sentido en sus líneas de fuerza circulares. Estas se hacen visibles, como todos sabemos, mediante limaduras de hierro sobre un papel o con una aguja imantada que no señala ningún polo, sino un sentido alrededor de los alambres. La contingencia de conformar solenoides con dichos alambres hará que aparezcan nortes y sures magnéticos. 
A partir del electrón como unidad tanto de electricidad como de magnetismo es que hay que entender el electromagnetismo. 
A noventa y seis años del experimento de Stern y Gerlach no hay consciencia de que no habría generación de corriente eléctrica mediante magnetismo si el electrón no fuera también magnético.

jueves, 9 de enero de 2014

LA VELOCIDAD DE LA LUZ NO ES UNA CONSTANTE UNIVERSAL

    
                          «Bienvenido al desierto de lo real»

La velocidad de la luz no es constante, no hay modo en que pueda serlo, ni aunque la luz fuera lo único móvil en el Universo y que todo lo demás esté inmóvil en un medio único que la transmita. ¿Por qué? Porque la velocidad es una magnitud vectorial. 
Aunque exista el medio universal que transmita la luz y que todo lo demás esté inmóvil en él, para todo lo demás distribuido por el Universo la velocidad de la luz dependería de la dirección y el sentido de esa luz a su respecto. 
Si lo dicho no fuera suficiente para refutar la constancia de la velocidad de la luz, recordemos que no hay nada inmóvil en el Universo y que Michelson en Cleveland en el año 1886 demostró que dicho medio único no existe.
Entonces... el "principio de constancia de la velocidad de la luz" es una absurdidad, y más absurdidad aún es escuchar que su verdad es indudable.  
En el caso de que el auspicio de esta falsa creencia no sea intencional, lo constante sería el error que se comete al medir dicha velocidad: 
Dada una fuente de luz a distancia sideral que ilumina, por ejemplo, una nave espacial (si la nave viaja con movimiento rectilíneo uniforme en la misma dirección que la luz), la distancia que debe recorrer la luz para llegar a la nave depende del sentido y de la velocidad de esta. Por lo tanto (y esto es lo que los físicos parecen no ver), siendo x la distancia que debe recorrer la luz para cubrir el largo de la nave, dicha distancia (igual a la longitud de la nave si esta estuviera inmóvil) también depende del sentido y de la velocidad de la misma. Y de tal distancia x depende la velocidad de luz que obtendrían los físicos si hubieran instalado sensores en los extremos de la nave y medido el tiempo entre que la luz incide en uno y en otro. Tal velocidad es: v = x/t, siendo, por lo tanto, para los físicos v < c si el cuerpo se aleja de la fuente de luz; v = c si está inmóvil respecto de ella y v > c si se acerca a la misma, ya que x sería diferente en cada caso. 
¿Por qué, entonces, los físicos nunca obtienen velocidades de luz distintas de c cualquiera sea la velocidad entre la fuente de luz y sus dispositivos de medición?... No es porque la velocidad de la luz sea "independiente del estado de movimiento de la fuente y/o del observador", sino porque siempre estropean sus mediciones con espejos y cristales mal instalados en sus dispositivos, ya que espejos y cristales retransmiten la luz a la velocidad mal llamada c. ¿Cómo sabemos que los cristales y espejos hacen eso? Porque no han hecho otra cosa desde los experimentos desde Fizeau hasta la actualidad pasando por los de Michelson. 
La verdad de la falsa Física actual es que, a pesar de su simplicidad y bajo costo, nunca se hicieron los experimentos para demostrar la independencia de la velocidad de la luz, sino miles que midieron la retransmitida por cuerpos transparentes fijos al dispositivo. 
Esta propiedad de los cuerpos transparentes, que todos los experimentos exhiben y que nadie advierte, es la que explica el resultado del experimento de Michelson-Morley y la única razón por la que, cualquiera sea la velocidad y el sentido del movimiento del instrumento de medición respecto de la fuente de luz, el resultado de todas las mediciones haya sido siempre: x/t = c, y si al improbable lector todo lo dicho le parece una temeridad, confirmará lo cierto que 'errare humanum est' estudiando los experimentos cuyos resultados, según la física actual, "demuestran" que la velocidad de la luz es independiente del estado de movimiento de la fuente y/o del observador
Finalmente: La luz no atraviesa los cristales ni se refleja en los espejos, sino que se retransmite en los mismos a los famosos casi trescientos mil kilómetros por segundo. La luz, como todo lo que se mueve, puede tener cualquier velocidad antes de su retransmisión en cristales y espejos. Demostrarlo con experimentos, que no den lugar a interpretaciones disparatadas y que por fin instauren la relatividad como fundamento de la física, no es nada difícil. Sólo hay que medir del modo correcto (sin la interferencia de cristales y espejos) las velocidades de luz directa desde sus fuentes. 
Fuentes de luz de velocidades diversas y fáciles de conseguir deberían ser los arcos voltaicos, los sopletes de combustión y los de plasma. Fizeau usó un soplete de combustión cuando hizo su medición de la velocidad de la luz, el cual, según el enfoque defendido aquí, debió haber emitido luz de diferentes velocidades. ¿Por qué este físico no se encontró con ellas? Porque su dispositivo fue diseñado para medir una sola velocidad, la de la luz reflejada. Estudie los experimentos y comprobará que ni Fizeau ni Michelson midieron la velocidad de la luz emitida por cuerpos incandescentes, sino la reflejada por espejos a temperatura ambiente.  
Para demostrar la existencia de luz de muchas velocidades tal vez no hagan falta fuentes en movimiento como los átomos disparados por arcos voltaicos y sopletes. Quizás sean emitidas por cualquier sólido incandescente. Claro que el incandescente filamento de una lámpara común no serviría porque la luz que emite es retransmitida por el vidrio que lo rodea.  
                                                                                                                                                                                                                                                       ¿Qué son las paradojas?

A las paradojas, ruedas arriba, fue a parar Einstein al derrapar con una teoría fundamentada en el error descrito. 
Antes de la llamada "física moderna" el vocablo paradoja no tenía connotación positiva. Significaba disparate, contradicción, contrasentido, absurdo, bobada, estupidez... Con cualquiera de sus sinónimos impugnaba, sin hesitar, un razonamiento porque algo estaba mal, o las premisas o el razonamiento en sí. 
Pero los enemigos de la verdad (de la verdad como bien común) encontraron en la denominación "espaciotiempo" la salvación para su "éter", el ente antirrelativista que defienden con fiereza a pesar de que siempre fue refutado, desde hacía décadas, por todos los experimentos que debían demostrar su existencia. 
Gracias a la quimera del espaciotiempo (el éter relativista; la antirrelatividad relativista) se sigue postergando la verdadera relatividad, inherente al vacío del materialismo ateo de los filósofos jonios, que desde aquellos tiempos horroriza a las élites al poner la crítica en manos de los pueblos y cuestionar la legitimidad de sus prerrogativas: tanto de los que dicen ser dioses, descender de ellos, ser sus vicarios, sus embajadores o propietarios de una franquicia divina.
Según Carl Sagan, si la visión de los jonios hubiera prevalecido, quizás hoy la humanidad estaría colonizando la galaxia. La física como ciencia, como búsqueda de la verdad, viene siendo saboteada desde hace dos mil quinientos años como mínimo. 
El éter que Huygens, Fresnel, Lorentz, etc. proponían era, por definición, antirrelativista, contrario al principio de relatividad de Galileo. Y como ningún experimento refrenda esta ocurrencia, esto es, no hay éter (la relatividad es verdadera para desazón de los horrorizados por el vacío), Einstein acudió a su salvataje con el "espaciotiempo", con su éter relativista, con su relatividad antirrelativista. De ahí los disparates que escuchamos desde hace un siglo: «Einstein abrió la puerta a los viajes a través del tiempo y el hiperespacio. Las galaxias ya no están tan lejos».     
Increíblemente, el mundo de la ciencia y de la cultura está convencido de que las conclusiones absurdas de la (anti)relatividad de Einstein son fenómenos naturales. Algunas de ellas fueron deglutidas como verdades indiscutibles, otras como altamente probables y dignas de consideración. Resulta que la física moderna ha descubierto que:
«El inconmensurable Universo era del tamaño de un huevo de paloma, y mayormente consiste de un espacio material que se expande, se deforma y se agujerea»; «Con la velocidad el tiempo se estira y la masa aumenta»; «Hay gente viviendo en el pasado y en el futuro, y las leyes de la física no impiden que vayamos a visitarlos»; «Podríamos viajar a otras galaxias en tiempos mínimos con suprimir las monstruosas distancias entre ellas mediante el plegado del espacio»; «Nuestro universo no es único, sino uno de los tantos del multiverso»; «Existen innumerables realidades paralelas (y quizás comunicación y tráfico entre ellas)»; «A la realidad la creamos los individuos cuando la observamos»... 
 Y así una larga lista de delirios a pedir de boca de los autores de novelas y de filmes de fantasía, si no son los científicos los que plagian a los novelistas, ya que 'Un yanqui en la corte del Rey Arturo' fue publicada cuando Einstein tenía diez años y 'La Máquina del Tiempo' cuando tenía dieciséis, y las historias sobre trasmundos y de gente venida de los mismos, y que viva o muerta se fue a vivir a ellos pueden rastrearse desde hace miles de años.        
Con la ciencia arrumbada y el buen sentido humillado era de esperar que, potenciado por los medios de comunicación masiva, el oscurantismo se instalara a sus anchas. Hasta vemos algunos físicos sintetizando física cuántica con santonismo hindú. A otros desbarrancándose en afirmaciones tales como que vivimos en el mundo virtual de un superordenador alienígena, y que fanáticos del futuro o del sistema de Alfa Centauri nos sabotean la costosísima "Máquina de Dios". 
Dicho sea de paso, el objetivo de La Máquina de Dios y el de los enemigos del conocimiento como bien común (desde los tiempos en que el místico Platón pugnaba por silenciar al materialista Demócrito) es el mismo de siempre, el mismo que auspiciara la comisión del fracasado experimento de Michelson-Morley: demostrar la existencia del océano de Dios, negar la nada, ocultar la relatividad, aniquilar al materialismo. Por lo tanto, si el principio de relatividad es verdadero, la ingente cantidad de recursos invertidos en el LHC tiene más que ver con la construcción de las grandes catedrales medievales, los monumentos egipcios, los moáis, etc. que con la búsqueda de la verdad.   
Como sabemos, en el año 2012 el CERN anunció haber encontrado la Partícula de Dios, la molécula del océano universal de Higgs. Si este hallazgo es verdadero, el principio de relatividad es falso, y es doblemente falso si, como lo afirma la NASA con su costosísimo Gravity Prove B, también es verdadero el océano universal de Einstein: el espaciotiempo de la TRG.

Por si no lo decimos más adelante, el espaciotiempo de la Teoría de la Relatividad Restringida no es el mismo que el de la Teoría de la Relatividad General, porque mientras todos los cuerpos del Universo están en reposo respecto del primero, todos los cuerpos del Universo atraviesan al segundo.  
«¿Y la lógica?», quizás Ud. se pregunte.
La lógica está divorciada de la física desde hace más de un siglo. 
Entonces¿por qué se llama «de la relatividad» la teoría de Einstein stanto es que existen el espaciotiempo de la TRG y el campo de Higgs? ¿Cuál es, según la TRG y el Modelo Estándar, la velocidad de la Tierra respecto de cada uno de ellos? ¿O están inmóviles uno respecto del otro? ¿Son los agujeros de gusano del espaciotiempo también túneles dentro del campo de Higgs?



                  La humanidad reprobada en Cinemática         

Si gente tan inteligente como los doctores en física aceptan y defienden algo tan obviamente falso como lo es la constancia de la velocidad de la luz... qué queda para el resto de los mortales.
Algo decididamente mal están haciendo las academias en la cabecita de los jóvenes para que de grandes sean tan refractarios a las revisiones, ¡caramba! ¿no es que sin escepticismo no hay ciencia y que ésta no avanza si no es derrumbando las ideas instaladas? Hace más de un siglo que la física está atorada con la teoría de la (anti)relatividad de Einstein. Mire lo que pasaría si su principio de constancia de la velocidad de la luz fuera verdadero:
Figúrese que estamos sobre un segmento en cuyos extremos hay dos puntos de referencia: A y B, y nos llega luz (flecha azul desde la izquierda) proveniente de una fuente remota respecto de la cual estamos inmóviles.
En estas condiciones, el tiempo que le toma a la luz recorrer la distancia D entre los puntos A y B es T=D/c. Este recorrido es el mismo tanto en el sistema de la fuente como en el del segmento.
Pero si el segmento se mueve respecto de la fuente con velocidad y dirección constante, el tiempo que le tome a la luz recorrer la distancia entre los puntos A y B va a depender de la distancia que para esto deba recorrer la luz desde su fuente, lo cual depende del sentido y velocidad del segmento respecto de la fuente.
Esta verdad refuta automáticamente al postulado de constancia de la velocidad de la luz en la parte que reza que tal velocidad es independiente del estado de movimiento del observador. 
¿Cuál es el hecho que impugna, sin atenuantes, al principio de constancia de la velocidad de la luz? Pues, el movimiento mismo. Un rayo de luz recorre —respecto del origen de su trayectoria—, distancias iguales en tiempos iguales, pero en otros sistemas de referencia el mismo rayo recorre tales distancias en tiempos distintos.
Entonces: Para los observadores sobre el segmento, la distancia recorrida por la luz desde A hasta B será, por supuesto, siempre la misma. Lo que cambia es la distancia que para esto la luz debe recorrer respecto de la fuente, lo cual se traduce en un tiempo distinto para los observadores en el segmento, una velocidad distinta de luz que aún no se ha visto por no usar los dispositivos correctos.
En cambio para los devotos de la constancia de la velocidad de la luz, el que siempre es el mismo es el tiempo de recorrido de la luz desde A hasta B, cualquiera sea la velocidad y dirección del segmento respecto de la fuente. No importa si para esto la luz tuvo que recorrer un micrón (si el segmento se dirige hacia la fuente a la velocidad necesaria para que esto ocurra) o un millón de años-luz, si el segmento se aleja de la fuente también a la velocidad que haga falta.
Si el segmento se mueve hacia la fuente, la luz primero alcanzará el punto A, y respecto de la fuente deberá recorrer una distancia menor que D para llegar al punto B, porque éste se movió hacia la luz en ese intervalo. Por lo tanto, el tiempo del recorrido entre A y B será menor a D/c en este caso, y será mayor si el segmento se mueve en el sentido contrario. Pero como nunca se han visto velocidades de luz en el vacío críticamente diferentes de la medida por Michelson, no hay más que dos explicaciones para esto, elija una.


Primera explicación:
Cuando el segmento viaja hacia la fuente... se estira (?) para compensar la distancia menor que de otra manera recorrería la luz para tocar los puntos A y B, ya que una vez alcanzado el punto A, el punto B le vendría en contra. Cuanto mayor sea la velocidad del segmento hacia la fuente, más deberá extenderse para conservar el tiempo de recorrido de la luz de A hasta B constante. El segmento podría alcanzar longitudes espeluznantes si viaja hacia la fuente a velocidades próximas a la de la luz ("Elongación de Ledesma"), pero por lo menos no corre el riesgo de desaparecer como cuando viaja en la dirección contraria.
Cuando el segmento viaja en la dirección contraria (alejándose de la fuente)], la luz tendría que recorrer una distancia mayor, respecto de su fuente, para llegar al punto B una vez alcanzado el A, porque B se le alejaría en ese intervalo. Para mantener constante el tiempo de recorrido entre A y B, el segmento deberá contraerse lo que sea necesario para que no exista tal aumento de distancia respecto de la fuente. El segmento se reduciría a dimensiones inimaginablemente minúsculas a velocidades próximas a la de la luz junto con los desdichados observadores (Contracción de Lorentz). Si para mantener constante la velocidad de la luz lo que modificamos es el tiempo, pasaría que, contradiciendo al einsteinismo, los relojes atrasarían o adelantarían según el sentido del movimiento.


Segunda explicación:
Esta disuelve las paradojas de la física actual, deja expuestos como absurdos a fenómenos como la "elongación de Ledesma", la contracción de Lorentz, etc. Torna a la naturaleza inteligible y desbloquea el camino hacia mejores teorías. Esta explicación propone que los observadores sobre el segmento han instalado en el punto A (ignorantes de las consecuencias) algún elemento (como cristales o espejos) en el cual la luz se retransmite cambiando su velocidad. Entonces la luz, partiendo ahora desde el punto A, no se propagaría en el sistema de su anterior fuente, sino en el de dicho elemento solidario al segmento, cubriendo, ahora sí, la distancia entre A y B en el tiempo D/c, sin comprometer las dimensiones del mismo y sin un comportamiento escalofriante de los relojes.
Como ya habrá quedado claro, si con todo lo explicado Ud. todavía cree que la velocidad de la luz no tiene por qué cambiar cuando atraviesa un cristal o se refleja en un espejo, es porque para Ud. el espacio no es la nada, sino un cuerpo universalmente extendido. Ud. está en contra de la relatividad.



Experimento mental estilo Einstein

El siguiente experimento mental ha sido enviado mediante correo, en Enero de 1991, a sesenta universidades y laboratorios del ancho mundo. Lo mismo hice con los argumentos de esta monografía hasta el año 1996 mediante cuatrocientas cartas. Ni hablar de los miles de Email enviados luego a todos los físicos y estudiantes de física cuya dirección encontraba. Tendría que haber sido suficiente para que alguien se despabile: ¡Qué esperanza!
Buscando gente menos hermética, les escribí, más de una vez, a cientos de filósofos de la física (provenientes de la física y de la filosofía) cuya dirección de Email encontraba. Me contestaron dos, famosos en el ramo: Uno, que no podía ocuparse de mi propuesta porque tenía un familiar enfermo, y otro, que estaba yo inexorablemente equivocado, cualesquiera fueran mis argumentos. 
En este experimento mental se expone en forma didáctica lo que ya han demostrado miles de experiencias anteriores: que la luz participa de la inercia de su origen de trayectoria —cristales y espejos en el experimento de Michelson-Morley— aunque lo prejuicios no permitan su refrendo.
Por mencionar experimentos conocidos, además del de Michelson-Morley que se analiza en otra entrada de este blog, están los de Fizeau y otros de Michelson anteriores y posteriores al famoso hecho con Morley, donde la luz recorre muchos kilómetros sin que se manifieste el fenómeno de aberración de la misma.
Este experimento mental demuestra que la velocidad de la luz en el vacío no puede ser constante, que depende del estado de movimiento de fuentes y observadores, que se propaga en el sistema de su origen de trayectoria y que cambia de velocidad cuando es reflejada, ¿qué le parece? ¿No debería ser suficiente para que la vida intelectual de la humanidad se sacuda violentamente?
De las primeras cartas enviadas en Enero del 1991 recibí cuatro respuestas (dos de Inglaterra, una de la India y otra de Argentina) de físicos que en lugar de advertir que este dispositivo desvanece las reglas de Einstein, me enviaban pacientes lecciones acerca de las mismas. Y algo más insólito aún (no haga lo mismo): alteraron las condiciones del experimento para analizarlo con ellas.
El experimento es el siguiente: un observador (uno solo ¡no ponga otro!) se halla situado en el justo medio de una plataforma en cuyos extremos se hallan dos fuentes de luz, apagadas por ahora. 
Esta plataforma se mueve en forma rectilínea y uniforme respecto de otras dos fuentes de luz, también apagadas, separadas una de la otra por la misma distancia que separa las de la plataforma, como muestra del dibujo abajo.



Cuando las fuentes sobre la plataforma móvil pasan por la posición de las fuentes fijas, como muestra el dibujo móvil de abajo, sobreviene el contacto entre las fuentes y como consecuencia se produce el destello simultáneo de las cuatro.



El dibujo móvil se ve, bastante mal, en movimiento en Youtube. Buscar "Einstein tiene razón (Einstein is right)".


Por supuesto que la plataforma no se queda detenida ahí, sigue su camino mientras las luces se dirigen al observador. Es necesario enfatizar que los dos destellos originados por las fuentes sobre la plataforma son vistos simultáneamente, esta es la condición principal que garantiza, de acuerdo con la relatividad, el simultáneo contacto y destello de las cuatro fuentes, obviando así la supuesta modificación de Lorentz de las distancias entre las fuentes en cada sistema.
En total acuerdo con la relatividad galileana, el observador percibirá primero el destello emitido por la fuente externa hacia la cual se dirige, luego y simultáneamente verá los destellos que partieron desde las fuentes sobre la plataforma y por último va avistar el destello producido por la fuente externa de la cual se aleja.
Si la razón reinara en las academias de ciencias exactas del mundo, el resultado de este experimento desataría estampidas de estudiantes y profesores por los pasillos de las universidades y honorables suicidios en masa, pues queda demostrado que no hay una única velocidad para la luz, porque el observador en su sistema de coordenadas percibe en tres tiempos distintos cuatro destellos que partieron simultáneamente desde una misma distancia.
Si pusiéramos otro observador, equidistante entre las fuentes externas, él también percibiría cuatro destellos en tres tiempos distintos que partieron simultáneamente desde una misma distancia. Los destellos fueron tan simultáneos para él como para su colega sobre la plataforma en movimiento. Entonces, la simultaneidad es independiente del sistema donde el observador esté ubicado y no implica velocidades instantáneas.
Si reemplazamos las fuentes sobre la plataforma por espejos convenientemente orientados (los espejos encenderían las luces, como muestra no muy bien el dibujo abajo), el resultado es el mismo.
Las luces emitidas por las fuentes externas alcanzan al observador en distintos tiempos y las reflejadas por los espejos llegan simultáneamente, entonces, la velocidad de la luz reflejada en un espejo es la conocida c, la única medida hasta ahora. Antes de llegar al espejo puede ser menor o mayor.
Einstein, en sus experimentos mentales, coincide totalmente con lo aquí expresado: él dice que las luces de origen externo llegan en distintos tiempos al observador porque viajan distintas distancias desde sus fuentes. También dice que las luces desde la plataforma llegan simultáneamente al observador, ya que parten al mismo tiempo y recorren la misma distancia ¿qué significa esto? que también para Einstein, sin que tuviera consciencia de ello, en este experimento habría tres velocidades distintas de luz.
La adición de velocidades clásica es válida aún para la luz, ella estaba presente en las especulaciones de Einstein por necesidad lógica, pero a la vez propuso el segundo postulado que dice lo contrario.
De la relatividad de Galileo se desprende que la luz, en tanto que onda, se retransmite en cristales y espejos propagándose en el sistema de estos elementos. Pero como el espacio como ente real tal que hipótesis subyacente no le permite a los físicos considerar esa posibilidad, la ciencia sigue empantanada, mientras que la comunidad de la física, vendados sus ojos como Don Quijote y Sancho Panza, presumen de estar avanzando a velocidades de vértigo.


                          Consecuencias de la ilógica


Una mentira eficiente es la que aparenta coherencia con los hechos. Algo de esto sucede con las ecuaciones del híbrido einsteiniano.
¿Acaso es posible llegar a ecuaciones coherentes partiendo de una premisa falsa? Claro que no, pero sucede que el criterio para justipreciar coherencias falla bastante, como el del científico que llegó a la conclusión de que la araña sin patas se vuelve sorda.
Como hemos leído en su artículo del año 1905 'Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento', Einstein vinculó dos sistemas en velocidad relativa mediante una misma velocidad de luz. Con esto creyó estar estrenando su flamante segundo postulado, cuando en realidad es un planteo clásico de la dinámica de Newton que describe interacciones entre partículas a velocidades cercanas a las lumínicas.
Cada interacción obedece a la tercera ley de Newton (acción y reacción) y dichas fuerzas no son instantáneas, se propagan a la velocidad de la luz.
Aunque en interacciones a bajas velocidades (empujar un mueble) consideramos que acción y reacción son simultáneas, sabemos que son consecutivas. La reacción es consecuencia de la acción y hay un tiempo entre ellas.
El tiempo entre acción y reacción deviene importante cuando la velocidad entre las masas que interaccionan es comparable a la velocidad a la que estas fuerzas se transmiten, ya sea dentro de las masas de las partículas que colisionan (el rebote no es instantáneo) o dentro de los campos eléctricos y magnéticos cuando la interacción entre masas ocurre mediante estos.
Como ejemplo de la interacción por medio de un campo eléctrico, magnético o combinado, está el de una partícula atravesando a gran velocidad el entrehierro de un espectrógrafo de masas, como muestra el dibujo abajo.
El ejemplo es conveniente porque mediante este instrumento los físicos creen observar el aumento de la masa con la velocidad todos los días.
Las fuerzas de acción y reacción entre la masa de la partícula y la masa del instrumento son transmitidas en sus campos a la velocidad de la luz como lo calculara Maxwell. Sin embargo respecto a las masas implicadas, tal velocidad de transmisión es relativa como lo indica el famoso y nunca entendido factor pitagórico. Este es el significado del factor pitagórico: no expresa otra cosa que la relatividad de la velocidad de luz en una teoría que dice basarse en su constancia.
Dicho factor no tiene sentido en el experimento de Michelson-Morley porque el instrumento no se mueve respecto del medio de propagación de la luz, pero sí tiene sentido en la descripción de las interacciones a velocidades lumínicas porque, en el caso del espectrógrafo, la partícula atraviesa el medio de propagación de las fuerzas de acción y reacción.
Veamos la expresión einsteiniana para la dinámica puesta más abajo ¿qué debemos interpretar allí? ¿Acaso que cuando una partícula pasa por un espectrógrafo de masas a la velocidad de la luz hace falta, debido al aumento de la masa con la velocidad, una fuerza horrorosamente grande entre partícula e instrumento para desviarla de su trayectoria?
Si se tratara de un acelerador de partículas podría interpretarse que para alcanzar velocidades cercanas a las lumínicas hacen falta fuerzas enormes, pero la explicación es muy distinta y totalmente inteligible. Lo que sucede en realidad, sin dar lugar a ningún otro tipo de interpretación, es que cuanto mayor es la velocidad entre las masas que interaccionan, mayor será, relativamente, el tiempo entre la acción y la reacción y por lo tanto menor será la fuerza efectiva implicada.
El factor pitagórico tiene sentido en el numerador, por lo menos en este contexto, porque si la partícula se mueve dentro del campo del instrumento a la misma velocidad a la cual se transmiten las fuerzas de acción y reacción, que es la de la luz (v = c), la velocidad relativa entre la partícula y la onda de transmisión es nula y por lo tanto así también la fuerza resultante efectiva (f) de interacción y como consecuencia la trayectoria de la partícula no será afectada. Esta es una interpretación razonable y no que la masa de la partícula haya aumentado tanto con la velocidad que sean necesarias fuerzas inmensas para desviarla, tal cual es la interpretación de la física moderna.
Lo que adjunta más confusión en los cerebros de los físicos es la observación de un fenómeno atribuido al retardo de los relojes anticipado por Einstein. Ya vimos que no hay dilatación del tiempo sino un protagonismo mayor de la demora entre acción y reacción cuando los cuerpos interaccionan a velocidades cercanas a la de la luz.
Como éste es un ensayo dirigido a gente informada (o que se informará después), daremos una explicación bien resumida para ir terminando este artículo.
El atraso de los relojes no es consecuencia de la (anti)relatividad einsteiniana ni tan digno de asombro como sus adeptos lo hacen parecer, y lejos de dar razones a la pretensión de viajar en el tiempo.
La causa del atraso de los relojes debido a la aceleración no es menos trivial que otras como el desgaste, la suciedad, la humedad o pilas acabadas. Es una consecuencia más de las previstas por las leyes de Newton: usemos como ejemplo gráfico el “reloj de luz”, usado por el einsteinismo para convencernos de que tal fenómeno ocurre en sistemas ajenos. Lo cual es falso debido a que, como ya se explicara, la luz no se propaga en un sistema universal, sino que participa de la inercia de su origen de trayectoria. En cambio, en sistemas acelerados ese fenómeno es obvio y necesario porque la distancia recorrida por la luz es mayor, como se ve en la figura.
A la izquierda está el reloj de luz funcionando en estado de reposo o en movimiento rectilíneo uniforme. Al participar la luz de la inercia de su origen de trayectoria, no hay atraso del reloj porque la composición newtoniana de velocidades también se cumple para luz. Pero a la derecha el reloj de luz funciona en un sistema acelerado, por lo cual atrasará sin remedio debido a que el trayecto entre los espejos es mayor.
Con respecto a la paradoja de los gemelos, no hay paradoja. El movimiento relativo no desincroniza los relojes, lo que sí lo hace es la aceleración.

A MODO DE CONCLUSIÓN:
Con creencias en trasmundos parasitando la casi totalidad de los encéfalos humano, incluidas las supuestas mentes científicas, y con doctrinas igual de irracionales infiltradas y ocupando puestos de mando en los cuarteles de la lógica, ¿cuánto más habrá que esperar para que la física se convierta en una ciencia, es decir, una actividad consagrada a descubrir la verdad? Porque hoy no es ni por asomo la luz magnífica que barre las supersticiones y despeja el camino hacia una edad de la razón (no hay más que mirar a nuestro alrededor). Su existencia solo es tolerada, y bajo estricto control, por los gigantescos negocios que genera.

miércoles, 8 de enero de 2014

LA (ANTI)RELATIVIDAD DE EINSTEIN

El escándalo en el que la física está inmersa, y del que casi nadie se da cuenta, ya lleva miles de años. Las aporías de Zenón de Elea y las paradojas de Einstein no son dilemas legítimos, sino la demostración (por reductio ad absurdum) de que sus razonamientos son falsos.     
¿Y en qué se equivocan Zenón de Elea y Einstein de Ulm? En la misma premisa falsa de la que parten en sus disquisiciones: el espacio como un cuerpo universalmente extendido. 
El vacío no es un referente de movimiento, pero Zenón refería el mismo a puntos en el espacio, entonces para él el espacio era un cuerpo y no el vacío. Y si al improbable lector se le ocurre que Zenón no referiría el movimiento al vacío, sino (por ejemplo) a marcas en el piso, no lo está ayudando, sino refutando, porque queda claro que el error que genera a la aporía (y a las paradojas) es referir el movimiento a un cuerpo tercero y extrapolar sus resultados a un movimiento absoluto, lo cual es contrario al principio de relatividad. 
¿Qué duda cabe que para Einstein también el espacio era un cuerpo? ¿Acaso (además de otras absurdidades que se explican en estos artículos) su espacio no "se expande"? ¿no "se deforma"? ¿no "se agujerea"? Al vacío, entendido como 'nada', no le pasa nada. Es lo que no existe entre lo que existe.  

El que debía eliminar de la física este disparate (que la nada es el cuerpo más grande del Universo) era Newton, ya que fue él quien formulara la relatividad de Galileo. 
Para Galileo (y Demócrito) el movimiento es un asunto entre entes existentes, y el espacio es lo que no existe entre lo que existe. Pero Newton hacía carrera en el Trinity College de Cambridge, infestado de platonistas, cuyo propósito era formar clérigos. 
Si en tales circunstancias Newton le daba la razón al ateo Demócrito (cuyos libros Platón quería quemar), lo hubieran sentado en una catapulta y disparado muy lejos de Cambridge. Nunca hubiéramos sabido de él. En cambio, después de haber hecho una vida de reyes, está enterrado en la Abadía de Westminster rodeado de ellos. Y todos esos beneficios por haber resuelto sofrenar la Revolución Copernicana y defender la hipótesis del espacio como un ente real, al que bautizó "Sensorio Divino" y también "Espacio Absoluto". 
A pesar de ello, esta claudicación de Newton no afecta el magistral funcionamiento de las leyes relativistas de su dinámica (sin completar), pero da pie a que los desinformadores de esta ciencia, Stephen Hawking y muchos otros famosos, pregonen arteramente que la física de Newton se desprende de un sistema absoluto. Arteramente, decimos, porque no puede ser que no sepan de la contradicción entre sistema absoluto y relatividad. 
Para colmo, en orden de sospechar un gran conspiración, casi doscientos años después Einstein repite con variantes la misma maniobra. En lugar de eliminar la premisa falsa, que según sus propias palabras era prescindible e incompatible con la relatividad que decía reivindicar, la conserva y la rebautiza "espaciotiempo", y a los resultados experimentales que niegan su existencia los reinterpreta utilizando inéditas propiedades ad hoc: que las longitudes se contraen, que el tiempo se estira, etc.     
Claro que ocultar absurdidades debajo de otras más grandes no es ninguna solución, no vuelve verdadero lo falso, pero debido ello la población de los físicos vive en el limbo de la confusión. Las paradojas de la teoría de Einstein no son más que las absurdidades más visibles de las que está constituida.

Irónicamente, el espacio es nada para el común de la gente, hasta que el establishment y su "autoridad científica" lo vacuna con la idea contraria: "La nada es imposible". 
Tiene sentido: Quien se trague sin pestañear el absurdo máximo de que la nada es el cuerpo más grande del Universo... ¿no demuestra ser un esclavo definitivo? ¿No será un requisito, para obtener un certificación como físico, ser un cero en independencia de pensamiento? No por nada el espacio como referente de movimiento tiene miles de años de vigencia. (Se encuentra gratis en la red el libro de Bryan G. Wallace: 'The farce of Physics')  
En los altos de la pirámide social es fundamental y crítico para su existencia que en los bajos la gente crea que las ideas válidas vienen de arriba como la lluvia y que las de abajo son chifladuras, banalidad y soberbia. 
La absurda idea del espacio como un cuerpo universalmente extendido es amparada desde hace miles de años desde las alturas de la pirámide social, ¿por qué? porque la misma pirámide social es una construcción de mentiras y absurdidades. La verdad es su enemiga, "la verdad es siempre revolucionaria".
Quizá Ud. piense... "¡Pero si las predicciones de Einstein fueron confirmadas por los resultados experimentales!".
Dichas "confirmaciones" no son posibles. Lo que hubo fueron confirmaciones honoris causa, "tan conservadoras que merecen quedar establecidas". ¿Y qué es lo tan importante que hay que conservar? La no verdad, claro. Las no verdades de Einstein ahora son fenómenos físicos. 
¿Por qué este afán de mentirnos a todos? Porque urge desviar de su trayectoria la revolución que impulsaron Copérnico, Kepler y Galileo, porque, como ya dijimos, la verdad es enemiga del establishment.  
La revolución copernicana no se agota en que la Tierra no es el referente universal de movimiento, sino en que por fin se establezca en la cultura que nada lo es. Las masas del Universo no se mueven respecto de ningún ente absolutamente inmóvil porque eso no existe, no lo es la Tierra ni el Sol ni el centro de la Vía Láctea ni los imaginarios éter y espaciotiempo.    
Las absurdidades fueron convertidas en fenómenos naturales para no reconocer que el materialista ateo Demócrito tenía razón, para que la verdadera relatividad no se instale en la consciencia de la gente.  

¿Pudo, el error de Newton, no haber sido a propósito?...
Se sabe que fue advertido al respecto por parte de sus contemporáneos. También, que gastaba gran parte de su tiempo en actividades incompatibles con la ciencia y el materialismo: Mística, esoterismo, alquimia, astrología... 
Pasaron más de tres siglos y difícilmente a los contemporáneos de hoy nos toque ver el florecimiento de la relatividad.
Que la física de Newton diera todo lo que tenía, que la de Einstein sea su legítima continuación y que la primera esté contenida en la segunda, no son más que falacias. 
Enraizada como se encuentra la falsa relatividad, es probable que a la instauración de la verdadera le tome aún más siglos para regocijo de los enemigos de la verdad, de la verdad como bien común. Al heliocentrismo le tomó dieciocho siglos y al atomismo veinticuatro instalarse en la cultura. 
Los paladines de la relatividad son muy raros. Entre Demócrito y Galileo pasaron veintiún siglos. Pero siempre hay relativistas rasos predicando en el desierto, conscientes de que el materialismo y la relatividad que revelara Galileo en su 'Diálogo sobre los sistemas máximos' son lo mismo.

Más de ocho mil opositores de Einstein figuran en la segunda edición de 'The Worldwide List of Dissidents Scientist'. La casi totalidad de ellos son antirrelativistas: están a favor del éter antiguo, pero en contra del espaciotiempo, el éter moderno. 
Los pocos disidentes restantes son nuestros relativistas. Ellos están en contra del éter antiguo y del moderno. De ahí que nos encontremos en una situación inédita: Los relativistas y los antirrelativistas, con sus enfoques inconciliables, concurren en la misma lista de contrarios a Einstein. ¿Por qué? 
Porque ambos están en contra del espaciotiempo, se les atraganta la absurda tercera opción, la relatividad antirrelativista. 
Gracias a la relatividad antirrelativista los enemigos de la verdad (que privaran de su libertad a Galileo Galilei, que quemaran vivo a Giordano Bruno y que desmotivaran a Isaac Newton) lograron postergar, hasta quién sabe cuándo, a la verdadera relatividad.

La creencia corriente es que Einstein, con un cerebro insólito (con más astrocitos de lo normal), encontró una alternativa invisible al resto de los mortales y que los hechos respaldan. Nada de eso. Los hechos no la respaldan. Su inadecuación es demostrada por la conocida erupción de paradojas (absurdos, sinsentidos... ). Sucede que las élites, desde hace miles de años, prefieren vivir sumergidas en algún absurdo océano universal (sensorio divino, éter, espaciotiempo... ) que expuestas al horroroso vacío. 
Al Horror Vacui no lo sufre la Naturaleza, sino la élite, porque la filosofía materialista pone la crítica a disposición de todos los que quieran pensar, no importa el estrato social que habiten.   
El espaciotiempo es un pastiche que no solo contradice la relatividad, sino que el espaciotiempo de la (anti)relatividad general contradice al espaciotiempo de la (anti)relatividad restringida. 
Descontados los disidentes de la mencionada lista... ¿por qué la (anti)relatividad de Einstein, siendo un absurdo estruendoso, es sin embargo deglutida por los demás físicos del mundo? 
Como dijimos, algunas absurdeces transponen sus faringes rebosadas en el vocablo "paradojas", uso para el cual no aplican sus sinónimos: "contradicciones"; "incoherencias"; "disparates", etc. Al resto de las insensateces quizás no las quieran ver. No es para menos: discrepar de la física comúnmente aceptada y arruinar una carrera en la misma suelen ser la misma e irrecomendable cosa.
Para los antirrelativistas, incluidos Einstein y sus prosélitos, el espacio no está vacío, sino lleno de un cuerpo universalmente extendido: para unos continuo, para otros granulado. Mientras que para los verdaderos relativistas el espacio es nada, es lo que no existe entre lo que existe, lo cual no es óbice para que en cualquier lugar del mismo se traslapen y yuxtapongan todos los campos del Universo. 
¿De qué discrepamos? Discrepamos de que el vacío esté lleno, pero no de campos cuyos focos son los innumerables cuerpos, sino de uno solo para todos ellos. Los campos no son un efecto que sobre un ente universal provoquen los cuerpos (tal cosa impugnaría el principio de relatividad), sino que los cuerpos y sus campos (gravitacionales, eléctricos, magnéticos... ) conforman sistemas autónomos. 

Una de las tantas contradicciones de Einstein es que habiendo acertadamente declarado innecesario el océano universal llamado éter para la descripción de su "Electrodinámica de los Cuerpos en Movimiento", en sus teorías no encontramos vacío al espacio como sería de esperar, sino que volvemos a empantanarnos en el cuerpo único universalmente extendido que propugnaban los místicos Platón, Aristóteles y Newton, que luego con Huygens y Fresnel devino "éter", solo que ahora no se llama más éter, sino "espaciotiempo" y que, al igual que el éter, no es la nada ya que se deforma, se pliega, se expande y se agujerea. Pero la faz académica de la élite, que tanto horror le tiene a la nada y al materialismo, ha hecho pasar desapercibida su obvia materialidad bajo el eufemismo de "espacio no euclidiano". Los agujeros de gusano —atajos dentro de los cuales Eleanor Ellie Arroway recorría galaxias por segundo en la película 'Contacto'—, vendrían a ser espaguetis de espacio euclidiano a través del espacio no euclidiano. Se ve que Carl Sagan también creía en portentos, debilidad que siempre les reprochara a los creyentes en pseudociencias y mundos de ultratumba.

Dentro del delirio de la física moderna tendemos a interpretar que más allá de los límites del Universo en expansión, por fin está vacío. O sea: no es que la física moderna niegue el vacío, sino que el mismo se encuentra más allá de los límites del espaciotiempo permitiendo su "expansión". Esto genera algunas preguntas: ¿Es la materia sólo posible dentro del globo de espaciotiempo? ¿Podría, acaso, haber cuerpos como estrellas, planetas, cometas, micrometeoritos o partículas escapadas del espaciotiempo y vagando por el verdadero vacío? Por otro lado: si la existencia de la materia fuera solo posible dentro del globo de espaciotiempo... ¿no sería, entonces, imposible viajar dentro de los agujeros de gusano ya que el interior de los mismos es verdadero vacío y no espaciotiempo?
Hablando de la nada fuera del globo de espaciotiempo en expansión... Esto a Hawking le habrá parecido una concesión intolerable al horroroso vacío, ya que leemos en uno de sus mamotretos que el espaciotiempo no se expande en el vacío, sino en un "vacío falso superdenso". Nos encontramos, entonces, ante un espaciotiempo que se expande a una velocidad inmensa venciendo la resistencia de un inconmensurable y solidísimo paredón (¡). 
¿Hasta cuándo seguiremos con estas bobadas? ¿Se reanudará alguna vez el despliegue de la verdadera física?... 
No. 
No mientras la religión haga ventriloquia con los físicos sentados en sus rodillas. 
No mientras la física no sea más que la sirvienta de la tecnología. 
No mientras se solape su verdadera misión: explicar la realidad. 
No mientras a los físicos no se les devuelva la brújula: el espacio vacío del materialismo y de la verdadera relatividad.
El principio de relatividad fue, justamente, lo que el teólogo Newton escamoteó mediante su "sensorio divino" o "espacio absoluto", su versión del antirrelativista océano universal que blandían los místicos Platón, Aristóteles y los monjes de La Escolástica en contra del vacío materialista del ateo Demócrito.
Que las fuerzas de interacción no se transmitan instantáneamente, sino a la velocidad de la luz, no invalida en absoluto la física que Newton abortara, y mucho menos significa que dicha velocidad tenga que ser "independiente del estado de movimiento de la fuente y/o del observador". Al contrario de la interpretación establecida, los mal comprendidos "efectos relativistas" se deben, justamente, a la relatividad de la velocidad de la luz, no a su constancia. Y no se trata de una peregrina ocurrencia; es lógico y manifiesto que así ocurre y así lo expresan, claramente, algunas de las propias y mal interpretadas ecuaciones de Einstein. 
Sucede, como miles de hechos lo indican, que la interacción entre los cuerpos se hace por medio de los campos, y las fuerzas van y vienen por ellos a la velocidad de la luz. Al ser ésta relativa, las fuerzas de interacción y sus consecuencias dependen de la velocidad relativa de los cuerpos que interaccionan y no de que la masa aumente con la velocidad ni de que el tiempo se estire ni del resto de las paparruchas.
Para los pocos que no cargamos con la hipótesis congénita del océano universal, el principio de constancia de la velocidad de la luz es tan falso que no es posible imaginar una pifiada mayor (aún habiendo escuchado toda la vida sobre la cantidad de experimentos que lo respaldan; de que no debería ser considerada una hipótesis, sino un hecho, y el resto de la perorata). La hipótesis subyacente del océano universal no permite, a los que padecen este parásito cerebral, darse cuenta de que el resultado de los "experimentos que lo respaldan" demuestran lo contrario, esto es: la luz participa de la inercia de los espejos en los que se refleja y de los cristales que atraviesa, por lo tanto, la adición newtoniana de velocidades se aplica también para la luz. O diciéndolo de otro modo: la velocidad de la luz medida por Michelson lo era sólo respecto de los cristales y espejos del instrumento en los que se retransmitía, no respecto de cualquier otro sistema de coordenadas.
Debido a la mencionada hipótesis congénita, los resultados de dichos experimentos nunca fueron comprendidos. La verdadera interpretación —coherente con el principio de relatividad galileano que Einstein decía reivindicar— es que la luz no se propaga en un océano universal (ni éter ni espaciotiempo), sino que participa, aunque onda, de la inercia de los cristales y espejos en los que se retransmite. Los experimentos correctos, los que demostrarían este hecho sin más retorcidas interpretaciones, no se hicieron nunca, lo cual el improbable lector bien puede verificar buscando en la red mediante frases como: 'Experimentos que demuestran la constancia de la velocidad de la luz' u otras parecidas. Encontrará que en todos los experimentos la distancia recorrida por la luz es entre puntos fijos en el dispositivo de medición (cristales, espejos, pantallas... ), nunca desde fuentes, cristales o espejos viniendo o yéndose. 
Resumiendo: que las fuerzas de interacción no se propaguen instantáneamente, sino a la velocidad de la luz, no significa que haya que reemplazar la mecánica newtoniana por la quimera einsteiniana; y menos que dicha velocidad sea independiente del movimiento de fuentes y observadores.
Las leyes de Newton implican la relatividad, esto es: No hay un ente real como referente universal de movimiento: no hay sensorio divino ni éter ni espaciotiempo ni campo de Higgs. Por lo tanto, la realidad consiste de átomos, o agrupaciones de ellos, que se mueven unos en relación a otros en el vacío como decía Demócrito de Abdera. Lo anterior no entraña, como veremos, el olvido de las ondas y los campos que existen entre los cuerpos.

Las contradicciones ("paradojas") de la (anti)relatividad einsteiniana deberían inquietar mucho a los científicos —supuestamente, la herramienta inherente a su profesión es la lógica—, pero no. El einsteinismo los ha persuadido de que tales absurdeces no denuncian un error de razonamiento, sino: "una miopía inherente al cerebro humano que el de Einstein no padecía, probablemente por ser distinto en una cantidad inusitada de astrocitos"
Hace más de un siglo que los físicos ignoran las alarmas de la lógica: "No hay contradicciones en la teoría de Einstein", nos dicen, "solo nos parece que las hubiera. Son errores de interpretación de nuestros precarios cerebros tridimensionales, algo así como espejismos o efectos ópticos".
Para retomar el camino de la ciencia hay que volver bastante, hasta los tiempos del materialista Demócrito unos dos mil cuatrocientos años atrás, y esto por dos motivos: Primero, porque la desinformación y el monopolio de creencias está en la esencia de las élites, y los registros y evidencias más famosos del encubrimiento de la verdad nos vienen de la época de este filósofo, de cuando su enemigo, el místico y aristócrata Platón, decidió pasar a mayores intentando quemar sus libros. Y segundo, para ajustar la definición de átomo del filósofo materialista.
La palabra átomo, que significa "sin partes", no se corresponde con lo que hoy llamamos así, esto es, las unidades químicas de materia de la tabla periódica de Mendeleiev, que, como ya sabemos, no son precisamente indivisibles. El atomismo de Demócrito tampoco permite dar cuenta de los llamados "campos", ya sean éstos gravitatorios, eléctricos, magnéticos, etc. Una nueva definición del átomo debería tener en cuenta lo siguiente:
1 - Si el movimiento de los átomos (o de los cuerpos tal que construcciones de ellos) es sólo relativo a otros átomos y cuerpos —y no existen los supuestos medios universales como el éter, el espaciotiempo y el campo de Higgs—, entonces el principio de relatividad galileano es inherente al atomismo de Demócrito.
2 - Habiendo campos alrededor de los cuerpos materiales y siendo universalmente válido el principio de relatividad —esto es: no siendo estos campos manifestaciones locales de un supuesto cuerpo universalmente extendido—, entonces dichos campos y sus cuerpos asociados conforman unidades autónomas.
Los verdaderos átomos no serían, entonces, partículas mínimas. Lo que veríamos como tales —si pudieran verse— no sería otra cosa que centros, o puntos de contacto, de campos infinitos elementales. Los átomos no serían partículas mínimas, sino campos infinitos elementales. 

Siendo los átomos de Demócrito y Giordano Bruno extensos e indivisibles, su extensión no tiene que ser mínima, la existencia de los campos nos revelan su infinitud, lo cual arroja luz sobre el entrelazamiento cuántico: una partícula en ciertas condiciones da cuenta de otra lejana en forma instantánea porque se trata del mismo ente (como propuso Bohm) extendido infinitamente. 
La tarea es descubrir las leyes que rigen la conjunción de dichos campos elementales en la configuración de las partículas conocidas y por conocer. Y a quien le resulte absurdo que lo elemental sea continuo y extenso... también le debería resultar absurdo el continuo espaciotiempo.

Las sombras que durante milenios encapotaron la ciencia de la física —que comenzaba a iluminarse gracias a Galileo— volvieron con el propio Newton cuando éste renegó de la relatividad que él mismo formulara. 
El influyente místico inglés cubrió la nada del ateo Demócrito —la nada es inherente al principio de relatividad— con un supuesto ente real y universal al que llamó "sensorio divino" y también "espacio absoluto". Tal es así que Hawking —suscrito a la corriente anti vacío con Newton, Einstein y casi todos los científicos— en su 'Breve Historia del Tiempo' nos dice que la física de Newton se desprende de un sistema absoluto, lo cual no es cierto y él no puede no saberlo: la dinámica de Newton es relativista y no hay modo de inferir de ella la existencia de un sistema absoluto. Tal es así, que la (anti)relatividad einsteiniana surge, oficialmente, como solución al gran problema del siglo XIX, esto es, la supuesta incompatibilidad entre la relativista mecánica de Newton y el no relativista electromagnetismo de Maxwell, porque según éste todas las ondas y los campos electromagnéticos del Universo son sucesos locales en un medio absoluto llamado éter. Por lo tanto, no existiendo el éter, no habiendo un relleno universal para el vacío —tal fue la conclusión de Michelson después de tanto experimento— tampoco hay incompatibilidad entre la mecánica de Newton y el electromagnetismo de Maxwell.
Los fenómenos electromagnéticos, al igual que los mecánicos, son relativistas, es decir: si los campos y las ondas que ellos difunden no existen en un medio universal, entonces dichos campos son intrínsecos a sus fuentes, a sus cuerpos tal que sus núcleos, conformando ambos (cuerpos y campos) unidades independientes. Por lo tanto, Einstein no solucionó nada porque no había nada que solucionar, salvo que su verdadero objetivo no fuera entender la realidad, sino, al igual que los místicos Platón, Aristóteles y Newton, proponer un modo solapado de resguardar el océano de Dios como creencia colectiva —llámese sensorio divino, éter o espaciotiempo—, el que, como vemos, fue recibido de buen grado por la faz académica de la élite.
Para que el improbable lector se haga una idea de lo lejos que estamos de reiniciar el desarrollo de la mecánica relativista basada en las leyes de Newton, en el 2012 el CERN anunció el "hallazgo" (sideralmente caro) del bosón de Higgs, que vendría a ser la molécula de las que estaría constituido el océano de Dios, la "prueba" de su existencia. 
En este caso, al océano de Dios no lo llaman éter, ni espaciotiempo, sino campo de Higgs. Pero su función es la misma, ninguno de los tres existe, son entes universales ficticios, son argucias antirrelativistas, ideas de plenitud inyectadas en nuestros cráneos para colmar el "horroroso vacío". 
Newton era consciente de que estaba congelando el desarrollo de su propia física, la que hoy debería regir en lugar de esta surrealista "física moderna", y no faltaron contemporáneos que le señalaran la contradicción entre relatividad y "sensorio divino". 
El místico inglés arrumbó la física materialista y se abrazó al "sensorio divino", en discordancia con los grandes aportes a la ciencia que se le atribuyen, porque, siendo teólogo, astrólogo y alquimista, no podía ser tan científico como nos han hecho creer. Lo cual quedó claro cuando se conocieron los escritos de su autoría que contenía el baúl que compró en un remate el economista John Maynard Keynes: El Newton científico que conocemos fue enriquecido mediante la poda de la religión y de las pseudociencias que lo constituían en su mayor parte.
Como ya dijimos, Newton renegó de la materialista y atea nada para no ser eyectado de una Cambridge dominada por platonistas y cuya verdadera función era formar clérigos, y para no compartir bancada e ir al infierno con el impío Demócrito y demás materialistas ateos.  
Sabemos que Newton vivió ochenta y cuatro años y que desde los cuarenta y uno no hizo nada por desarrollar su mecánica. En vez de eso, el resto de su larga vida lo dedicó a la magia, a borrar de la historia algunos de sus contemporáneos científicos y a recibir los máximos reconocimientos y honores... ya no sabemos si por sus grandes contribuciones a la física o por haber paralizado su desarrollo. Hoy a nadie le dice nada que Newton, dedicado la mayor parte de su vida a la magia, resulte el mayor científico de todos los tiempos y que haya tenido una vida y una muerte de reyes, mientras que el relativista Galileo, un ejemplo de coherencia científica, haya vivido sus últimos años preso y humillado a pesar de haber sido un mimado de poderosos y gran amigo del papa.
Se ha pretendido dar razón de las distintas suertes de Galileo y Newton apelando a sus distintas circunstancias. Si vamos a analizar tales diferencias no nos olvidemos de la diferente actitud de ambos frente a la relatividad: Galileo la mostró al mundo y Newton la escondió. 
Desde entonces comenzó toda una industria de artilugios para llenar la nada y en la cual se dilapidan siderales cantidades de dinero para respaldar sus supuestas existencias: entre los más notorios el Gravity Prove B para demostrar que la nada está llena de espaciotiempo y el LHC para demostrar que está llena de Higgs.  
Aunque creemos que es cosa del pasado, todo sucede como si intereses perversos —de los que obligaron a Galileo a decir públicamente que el Universo gira alrededor de un eje que justo pasa por el centro de la Tierra, no hubieran dejado nunca de manipular el conocimiento, de aturdir a la humanidad con incongruencias ataviadas de verdad científica y de instaurar desinformadores como grandes genios de la física.
Hoy, por estar la cultura enterrada hasta las cejas en el pantano einsteinista, hasta parece inocuo, inocente, sin importancia para el progreso de la ciencia, el que un científico participe también de las creencias enemigas de la misma. Así estamos, con científicos creyendo, entre tantas otras absurdeces, en mundos de ultratumba, en santones hindúes y tibetanos, en gente que vive actualmente en el pasado y en el futuro o en otras dimensiones y que nos visitan, y en que viajamos frecuentemente, desdoblados, al futuro (avalado por el American Institute of Physics, de Nueva York). Nadie debería reírse de las creencias del pasado porque las de hoy son mucho más desquiciadas y ridículas: ¿Es el hombre intrínsecamente irracional o lo es por obra de las infames pirámides sociales, rampas idóneas para el ascenso e instauración de obsecuentes, inescrupulosos, manipuladores y psicópatas en las cúspides?
El "horror al vacío" de Newton es el mismo que el de Platón, Aristóteles y los teólogos escolásticos enemigos del materialismo y destructores de la obra del atomista Demócrito. El porqué de esa actitud antivacío (antimaterialista) es consistente con que no se establezca que la realidad consta sólo de átomos y vacío, y que no hay un dónde para un trasmundo pleno de vida ultraterrena acondicionado para una esplendorosa (u horripilante) estancia eterna de miles de millones de almas. 
Es por ello que los milenarios átomos nunca serán admitidos (nos referimos a los verdaderos, porque no podemos llamar Sin Partes, por ejemplo, al "átomo" de Uranio 238, ya que consta de casi mil contando solo fermiones), y el vacío en serio, del que nada sale y en el que nada desaparece, tampoco. No hay más que ver los siderales costos disipados por el Gravity Probe B y el LHC (La Máquina de Dios), para que siga establecido que el vacío relativista es imposible, que el Universo es un lleno, un lleno antirrelativista de bosones de Higgs, según el CERN; un lleno antirrelativista de espacio consistente, según Platón, Aristóteles y la Escolástica; un lleno antirrelativista de sensorio divino, según Newton; un lleno antirrelativista de éter luminífero, según Huygens y Fresnel; y un lleno antirrelativista de continuo espaciotiempo, según Einstein.
Por eso es que, a pesar de la polémica entre Newton y Huygens sobre si la naturaleza de la luz era corpuscular u ondulatoria, el espacio absoluto del primero y el éter luminífero del segundo, y más tarde el espaciotiempo de Einstein y el campo de Higgs, tienen el mismo propósito: ocultar la nada porque en ella es imposible la supuesta compensación post mortem de las carencias impuestas. Miles de millones de pobres incordiarían exigiendo a las élites, esencialmente egoístas, justicia en vida, es decir, un mundo totalmente distinto.
Según las cuatro hipótesis mencionadas, todos los cuerpos del Universo se encuentran inmersos en un ente universal, luego, son cuatro artimañas contra la nada, contra el vacío en serio, contra la relatividad; son cuatro obstáculos para la intelección del mundo. Las cuatro son funcionales a la magia y al creacionismo porque de la verdadera 'nada' nada sale, no como la nada de la Biblia y de la física moderna de la que brotan universos.
Para más confusión, cuando a principios del siglo XIX se confirmó la naturaleza ondulatoria de la luz, se interpretó que Huygens estaba en lo cierto al postular al sistema universal llamado éter como medio de propagación de las ondas luminosas, y como la existencia del espacio absoluto también se daba por sentada —si bien para Newton la luz era de naturaleza corpuscular—, por qué no suponer que el de propagar la luz fuera una de sus virtudes.
Con el advenimiento del electromagnetismo, Maxwell —nacido y conformado dentro del clima antirrelativista—, dio por descontado que el asiento de los campos eléctricos y magnéticos y el medio de propagación de la luz era un sistema universal, llámese éter o espacio absoluto con los atributos que hagan falta. Este es el motivo por el cual, alrededor del año 1870, la física estaba separada en dos teorías adversas: la mecánica (relativista según su formulación) y el electromagnetismo (no relativista debido al enfoque sesgado de Maxwell). Tal separación no era real, sino generada por la suposición de que los hechos eléctricos y magnéticos acontecen en un ente universal y no en el sistema de la fuente como lo dicta el principio de relatividad.
Unir el éter y la relatividad significa inventar una teoría en base al éter y sin él a la vez. Tal cosa no es posible y ningún supergenio puede hacer nada al respecto, pero se le concedió a Einstein reconocimiento por este logro inexistente.
Hemos leído que —gracias, según dicen, a la inaudita cantidad de neuroglias en su cerebro y a un cráneo tan abultado atrás que preocupaba a su madre—, Einstein inventó la teoría que a pesar de prescindir del éter se basa en el éter.
Para satisfacer la primera condición tiene que cumplir con el primer principio, el de relatividad: el éter universal no existe. Y para satisfacer la segunda condición tiene que obedecer al segundo principio de su teoría: una única velocidad en el vacío para la luz... entonces para Einstein el éter —o como se quiera llamar: espacio absoluto o espaciotiempo— sí que existe porque una única velocidad para la luz es la condición de su existencia, ya que como medio ondulatorio único no admite ondas viajando entre los cuerpos a cualquier velocidad; proponer una única velocidad para la luz y admitir la existencia de un medio universal para su propagación es lo mismo.
Vemos que para Einstein y para los físicos actuales, igual que para Parménides, Zenón de Elea, Platón, Aristóteles, Newton, Huygens, Young, Fresnel, Maxwell, Hawking, etc. la nada es imposible.
Einstein en su artículo 'Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento' nos advierte de la contradicción entre ambos principios, pero enmarañado por sus prejuicios la supone aparente y sobre tan absurdo fundamento construye su "teoría". En realidad, no construye una teoría, sino un derrumbe que no explica nada, pero nos lo impusieron como si explicara mucho. La ciencia cuyo valor supremo es la verdad y la lógica su instrumento fue desmantelada. Sin la lógica como faro no hay lo que deje expuesto al engendro de Einstein, y los ámbitos reservados a los científicos se han llenado de místicos, extáticos «por la síntesis entre religión y ciencia».
No había nada misterioso en la conciliación de la mecánica de Newton y el electromagnetismo de Maxwell como se creía en el siglo diecinueve, no hacía falta la antirrelatividad einsteiniana: pasaba que el éter les nublaba el entendimiento.
De acuerdo con el principio de relatividad, el asiento de los campos (eléctricos, magnéticos, gravitatorios... ) no puede ser el sistema universal al que se apegan los físicos, por lo tanto debe ser propio de cada sistema. La calamidad que representa la teoría de Einstein es consecuencia de no haber advertido este detalle: los campos pertenecen al sistema del cuerpo que es su centro, su núcleo, lo cual no puede ser de otro modo:
Suponga un campo magnético que tiene como fuente un imán de hierro. El campo y el hierro constituyen un mismo sistema desde el hierro hasta el infinito; campo y hierro están en reposo el uno respecto del otro; cualquiera fuera su velocidad respecto de un observador, hierro y campo van juntos a la misma velocidad; la forma del campo no será distorsionada por causa de ninguna velocidad relativa entre el hierro y un supuesto medio universal.
Si el imán como fuente produjera variaciones en la intensidad del campo, tales modificaciones se propagarían desde el hierro hacia el infinito a la misma velocidad, la calculada por Maxwell, en todas direcciones. Por lo tanto, no sería posible, por medio de un experimento —electromagnético en este caso—, medir la velocidad absoluta del hierro estando en el sistema del mismo: la relatividad sería corroborada.
Pero Maxwell se había formado, dijimos, en un clima antirrelativista. El creía que el hierro y su campo existen en diferentes sistemas. El campo existiría en el éter (o en el espacio con propiedades manifiestas), lo cual contradice la relatividad, ya que la forma del campo sería una función de la velocidad del hierro. Si el hierro generara variaciones en la intensidad del campo, tales cambios se propagarían como ondas desde el hierro hacia el infinito. Si el hierro estuviera inmóvil en el éter (velocidad absoluta nula), tales ondas se alejarían de su fuente a la misma velocidad en todas direcciones. Pero si el hierro tuviera velocidad respecto del éter, las ondas ya no se alejarían a la misma velocidad en todas direcciones, lo cual sería más evidente cuanto mayor fuera la velocidad del hierro, lo que, contrariamente a la relatividad, permitiría medir la velocidad absoluta del mismo, que fue lo que pretendieron hacer Michelson y Morley. 
Los fenómenos electromagnéticos son creados en el sistema de su fuente y no en uno universal. La luz se propaga en el sistema de su origen de trayectoria, y como cualquier ente real, participa de la inercia de aquel, como bien lo explicara Galileo en la segunda jornada de su 'Diálogo sobre los sistemas máximos'.
En el siglo diecinueve los físicos tenían que escoger entre si el campo pertenece al sistema de su fuente o a uno universal. La segunda opción es antirrelativista, pero fue la elegida ¿A qué se debió semejante pifia? 
Si es una pifia, y no un sabotaje, la causa debe ser una desventurada analogía con la atmósfera, ya que en ella estamos inmersos y ella transmite ondas, de sonido, a velocidad única respecto de su medio. Tal analogía no corresponde a la luz en el vacío, ya que, en el caso del sonido, la fuente y el medio de propagación pertenecen a diferentes sistemas. Pero la creencia subyacente es que las estrellas, planetas y todo lo que flota por el cosmos, están inmersos en una especie de atmósfera universal, la cual debería propagar las ondas electromagnéticas a velocidad única a su respecto. 
En semejante universo no hay relatividad, y tal concepción errónea explica todos los intentos de medir la velocidad de la Tierra en la "atmósfera universal".
La idea de luces viajando por el vacío con diferentes velocidades no cabe en el cráneo del que padece de éter. Quien piense que la luz no puede viajar a diferentes velocidades en el vacío es un creyente del éter, porque ésta es la condición del mismo: no puede haber más de una velocidad de onda en un mismo medio de propagación.
Según la relatividad bien entendida, la luz se propaga a una única velocidad pero en su propio medio de propagación, en su propio sistema de referencia donde fue originada su trayectoria. Entonces, la luz no tiene por qué viajar a velocidad constante respecto de otros sistemas.
La velocidad de la luz es inevitablemente dependiente del estado de movimiento de la fuente y el observador. Como es de esperar, la composición newtoniana de velocidades es aplicable también para la velocidad de la luz, ¿por qué no se han detectado, entonces, diferentes velocidades de luz? Porque no se han utilizado, ni pergeñado aún —debido a una enredadera de prejuicios—, los instrumentos adecuados. Demostrar la relatividad de la velocidad de la luz no genera más dificultades que los experimentos de Fizeau de hace ya un siglo y medio. Sólo hay que evitar que la luz procedente de una fuente móvil se retransmita en espejos y cristales inmóviles en el recorrido de la luz a observar.


La idea de diferentes velocidades de luz en el vacío es aceptada una vez que se entiende la razón, pero la constancia de la velocidad de luz sólo por confianza irreflexiva en el principio de autoridad. Si tal concepto fuera verdadero, dos rayos de luz provenientes de dos fuentes en diferentes estados de movimiento deberían recorrer en el vacío, sin ningún tipo de interferencia en su trayectoria, una misma distancia en un mismo tiempo. O, de modo más lapidario, un mismo rayo de luz debería recorrer en el mismo tiempo la misma distancia en dos sistemas de referencia distintos. Imposible, sin embargo, eso es lo que dice el principio de constancia de la velocidad de la luz. Ninguno de los experimentos que se mencionan como evidencia de la validez del segundo postulado cumple con esta necesaria condición. Contra todo criterio razonable esta simple prueba nunca se hizo y su resultado no daría lugar a aberradas interpretaciones como con todos los experimentos anteriores. Lo que siempre han demostrado tales experimentos es que la luz participa de la inercia de su origen de trayectoria. Claro que esa no es la interpretación oficial, pero, como el lector bien puede verificar, las luces observadas en dichos experimentos nunca partieron de fuentes en movimiento.