jueves, 9 de enero de 2014

LA VELOCIDAD DE LA LUZ NO ES UNA CONSTANTE UNIVERSAL

Hemos leído, a mediados de Febrero del año dos mil dieciséis, que por fin han logrado detectar ondas gravitacionales y que tal hallazgo confirma la predicción de Einstein de que el espaciotiempo de su invención las transmitiría. Nada de eso. Las ondas gravitacionales, tal que modificaciones en la intensidad del campo gravitatorio que parten desde un cuerpo y se alejan hacia el infinito a la velocidad de la luz, no se propagan en ningún espaciotiempo, sino en el campo gravitacional del cuerpo. ¿Cómo lo sabemos? Lo sabemos porque, al igual que el éter, el espaciotiempo no existe, ya que contradice al principio de relatividad de Galileo con el que errada, o arteramente, apodan a la teoría de Einstein. Lo que en realidad se desprende de este principio es que los campos gravitacionales no son hondonadas en un común ente extendido, sino existentes por derecho propio, consustanciales a las partículas y a los cuerpos que rodean.


La velocidad de la luz no es constante, lo constante es el error que se comete al medirla. Resulta que Einstein elabora su famosa teoría partiendo de dicho error, y por ello termin a ruedas arriba entre "paradojas". El vocablo paradoja, con sinónimos como: disparate; contradicción; contrasentido; absurdo; bobada; estupidez, etc. hoy tiene connotación positiva solo porque Einstein y sus prosélitos derraparon fuera de la lógica.
Antes del derrape, una absurdidad impugnaba un razonamiento: algo estaba mal, o las premisas o el razonamiento en sí, pero el sector ultramontano de la física encontró que el "espaciotiempo" podía ocupar el lugar del desprestigiado éter (jaqueado desde hacía décadas por experimentos que no refrendaban su existencia) y así seguir postergando, como desde hace milenios, el vacío "horroroso" de los filósofos jonios, materialistas y ateos (Si la visión de los jonios hubiera prevalecido, quizás hoy la humanidad estaría colonizando la galaxia, según Carl Sagan). 
A consecuencia de la quimera del espaciotiempo (el éter relativista de Einstein, la relatividad antirrelativista), las absurdidades devinieron "los descubrimientos más asombrosos en la historia de la física": «Einstein abrió la puerta a los viajes a través del tiempo y del hiperespacio, las galaxias ya no están tan lejos».    
Increíblemente, el mundo de la ciencia y de la cultura fue convencido de que las conclusiones absurdas de la (anti)relatividad de Einstein son fenómenos naturales. Algunas de ellas fueron deglutidas como verdades indiscutibles, otras como altamente probables o dignas de consideración. Resulta que la física moderna ha descubierto que:
«Los fundamentos de la realidad están fuera de la lógica»; «El inconmensurable Universo era del tamaño de un huevo de paloma y mayormente consiste de un espacio material que se expande, se deforma y se agujerea»; «Con la velocidad el tiempo se estira y la masa aumenta»; «Hay gente viviendo en el pasado y en el futuro, y las leyes de la física no impiden que vayamos a visitarlos»; «Podríamos viajar a otras galaxias en tiempos mínimos con suprimir las monstruosas distancias entre ellas mediante el plegado del espacio»; «Nuestro universo no es único, sino uno de los tantos del multiverso»; «Existen innumerables realidades paralelas y, por qué no, comunicación y tráfico entre ellas»; «A la realidad la creamos los individuos cuando la observamos»... 
 Y así una larga lista de delirios a pedir de boca de los autores de novelas y de filmes de fantasía, si no son los científicos los que plagian a los novelistas, ya que 'Un yanqui en la corte del Rey Arturo' fue publicada cuando Einstein tenía diez años y 'La Máquina del Tiempo' cuando tenía dieciséis, y las historias sobre trasmundos y de gente venida de los mismos, y que viva o muerta se fue a vivir a ellos, pueden rastrearse desde hace miles de años.  

                       
                     «Bienvenido al desierto de lo real» 

Dada una fuente de luz que ilumina a un cuerpo, si el cuerpo se mueve en la trayectoria de la luz con movimiento rectilíneo uniforme, la distancia que debe recorrer la luz para llegar al cuerpo depende del sentido y de la velocidad del mismo. Por lo tanto —y ésto es lo que los físicos parecen no ver—, 
siendo x la distancia que debe recorrer la luz (respecto de su origen) para cubrir el largo del cuerpo, dicha distancia x (igual a la longitud del cuerpo si éste estuviera inmóvil) también depende del sentido y de la velocidad del cuerpo. Y de esa distancia x depende la velocidad de luz que obtendrían los físicos si ellos y su dispositivo de medición estuvieran sobre cuerpo móvil. Tal velocidad sería: x/t = v < c si el cuerpo viajara alejándose de la fuente de luz; x/t = c si el cuerpo estuviera inmóvil respecto de la fuente de luz, y x/t = v > c si el cuerpo viaja acercándose a la fuente de luz. 
¿Por qué los físicos nunca obtienen velocidades de la luz distintas de c? Porque siempre estropean sus mediciones con espejos y cristales mal instalados en el dispositivo, ya que estos elementos retransmiten la luz a la consabida velocidad c. 
No hay otro motivo para que, cualquiera sea la velocidad y sentido del movimiento del instrumento de medición respecto de la fuente de luz, el resultado de todas sus mediciones haya sido siempre: x/t = c, y si al improbable lector todo lo dicho le parece que «no puede ser», que se desengañe estudiando los experimentos cuyos resultados, según la física instalada, «demuestran que la velocidad de la luz es independiente del estado de movimiento de la fuente y/o del observador»

Con la ciencia arrumbada y el buen sentido humillado era de esperar que, potenciado por los medios de comunicación masiva, el oscurantismo se instalara a sus anchas. Hasta vemos algunos físicos sintetizando física cuántica con santonismo hindú. A otros desbarrancándose en afirmaciones tales como que vivimos en el mundo virtual de un superordenador alienígena, y que fanáticos del futuro o del sistema de Alfa Centauri nos sabotean la costosísima "Máquina de Dios". 
Dicho sea de paso, el objetivo de La Máquina de Dios y el de los enemigos del conocimiento, desde los tiempos en que el místico Platón pugnaba por silenciar al materialista Demócrito, es el mismo de siempre, el mismo que auspiciara la comisión del fracasado experimento de Michelson-Morley: demostrar la existencia del océano de Dios, negar la nada, ocultar la relatividad, aniquilar al materialismo. Por lo tanto, si el principio de relatividad es verdadero, la ingente cantidad de recursos invertidos en el LHC quizá tenga más que ver con la construcción de las grandes catedrales medievales, los monumentos egipcios, los moáis, etc. que con la búsqueda de la verdad.   
Como sabemos, en el año 2012 el CERN anunció haber encontrado la Partícula de Dios, la molécula del océano universal de Higgs. Si este hallazgo es verdadero, el principio de relatividad es falso, y es doblemente falso si, como lo afirma la NASA con su costosísimo Gravity Prove B, también es verdadero el océano universal de Einstein: el espaciotiempo de la TRG.

Por si no lo decimos más adelante, el espaciotiempo de la Teoría de la Relatividad Restringida no es el mismo que el de la Teoría de la Relatividad General, porque mientras todos los cuerpos del Universo están en reposo respecto del primero, todos los cuerpos del Universo se mueven respecto del segundo (?). ¡Vaya verdad científica miles de veces comprobada
—¿Y la lógica? 
Bien. Le manda saludos desde el exilio.

Entonces: ¿por qué se llama «de la relatividad» la teoría de Einstein stanto es que existen el espaciotiempo de la TRG y el campo de Higgs? ¿Cuál es, según la TRG y el Modelo Estándar, la velocidad de la Tierra respecto de cada uno de ellos? ¿O están inmóviles uno respecto del otro? ¿Son los agujeros de gusano del espaciotiempo también túneles dentro del campo de Higgs? Si dichos bosones les dan masa a todo... ¿a ellos qué les da masa?

Si gente tan inteligente como los doctores en física aceptan y defienden algo tan obviamente falso como lo es la constancia de la velocidad de la luz, qué queda para el resto de los mortales.
Algo decididamente mal están haciendo las academias en la cabecita de los jóvenes para que de grandes sean tan refractarios a las revisiones, ¡caramba! ¿no es que sin escepticismo no hay ciencia y que ésta no avanza si no derrumba las ideas instaladas? Hace más de un siglo que la física está atorada con la teoría de la antirrelatividad de Einstein. Mire lo que pasaría si su principio de constancia de la velocidad de la luz fuera verdadero:
Figúrese que estamos sobre un segmento en cuyos extremos hay dos puntos de referencia: A y B, y nos llega luz (flecha azul desde la izquierda) proveniente de una fuente remota respecto de la cual estamos inmóviles.
En estas condiciones, el tiempo que le toma a la luz recorrer la distancia D entre los puntos A y B es T=D/c. Este recorrido es el mismo tanto en el sistema de la fuente como en el del segmento.
Pero si el segmento se mueve respecto de la fuente con velocidad y dirección constante, el tiempo que le tome a la luz recorrer la distancia entre los puntos A y B va a depender de la distancia que para esto deba recorrer la luz desde su fuente, lo cual depende del sentido y velocidad del segmento respecto de la fuente.
Esta verdad refuta automáticamente al postulado de constancia de la velocidad de la luz en la parte que reza que tal velocidad es independiente del estado de movimiento del observador, ¿Cuál es el hecho que impugna, sin atenuantes, al principio de constancia de la velocidad de la luz? Pues, el movimiento mismo. Un rayo de luz recorre —respecto del origen de su trayectoria—, distancias iguales en tiempos iguales, pero en otros sistemas de referencia el mismo rayo recorre tales distancias en tiempos distintos.
Entonces: para los observadores sobre el segmento, la distancia recorrida por la luz desde A hasta B será, por supuesto, siempre la misma. Lo que cambia es la distancia que para esto la luz debe recorrer respecto de la fuente, lo cual se traduce en un tiempo distinto para los observadores en el segmento, una velocidad distinta de luz, observable con los dispositivos bien hechos.
En cambio, para los devotos de la constancia de la velocidad de la luz, lo que siempre es el mismo es el tiempo de recorrido de la luz desde A hasta B, cualquiera sea la velocidad y dirección del segmento respecto de la fuente. No importa si para esto la luz tuvo que recorrer un micrón (si el segmento se dirige hacia la fuente a la velocidad necesaria para que esto ocurra) o un millón de años-luz, si el segmento se aleja de la fuente también a la velocidad que haga falta.
Si el segmento se mueve hacia la fuente, la luz primero alcanzará el punto A, y respecto de la fuente deberá recorrer una distancia menor que D para llegar al punto B, porque éste se movió hacia la luz en ese intervalo. Por lo tanto, el tiempo del recorrido entre A y B será menor a D/c en este caso, y será mayor si el segmento se mueve en el sentido contrario. Pero como nunca se han visto velocidades de luz en el vacío críticamente diferentes de la medida por Michelson, no hay más que dos explicaciones para esto, elija una.


PRIMERA EXPLICACIÓN
Cuando el segmento viaja hacia la fuente... se estira (?) para compensar la distancia menor que de otra manera recorrería la luz para tocar los puntos A y B, ya que una vez alcanzado el punto A, el punto B le vendría en contra. Cuanto mayor sea la velocidad del segmento hacia la fuente, más deberá extenderse para conservar el tiempo de recorrido de la luz de A hasta B constante. El segmento podría alcanzar longitudes espeluznantes si viaja hacia la fuente a velocidades próximas a la de la luz ("Elongación de Ledesma"), pero por lo menos no corre el riesgo de desaparecer como cuando viaja en la dirección contraria.
Cuando el segmento viaja en la dirección contraria (alejándose de la fuente)], la luz tendría que recorrer una distancia mayor, respecto de su fuente, para llegar al punto B una vez alcanzado el A, porque B se le alejaría en ese intervalo. Para mantener constante el tiempo de recorrido entre A y B, el segmento deberá contraerse lo que sea necesario para que no exista tal aumento de distancia respecto de la fuente. El segmento se reduciría a dimensiones inimaginablemente minúsculas a velocidades próximas a la de la luz junto con los desdichados observadores (Contracción de Lorentz). Si para mantener constante la velocidad de la luz lo que modificamos es el tiempo, pasaría que, contradiciendo al einsteinismo, los relojes atrasarían o adelantarían según el sentido del movimiento.


SEGUNDA EXPLICACIÓN
Esta disuelve las paradojas de la física actual, deja expuestos como absurdos a fenómenos como la "elongación de Ledesma", la contracción de Lorentz, etc. Torna a la naturaleza inteligible y desbloquea el camino hacia mejores teorías. Esta explicación propone que los observadores sobre el segmento han instalado en el punto A (ignorantes de las consecuencias) algún elemento (como cristales o espejos) en el cual la luz se retransmite cambiando su velocidad. Entonces la luz, partiendo ahora desde el punto A, no se propagaría en el sistema de su anterior fuente, sino en el de dicho elemento solidario al segmento, cubriendo, ahora sí, la distancia entre A y B en el tiempo D/c, sin comprometer las dimensiones del mismo y sin un comportamiento escalofriante de los relojes.
Como ya habrá quedado claro, si con todo lo explicado aún piensa que la velocidad de la luz no tiene por qué cambiar cuando atraviesa un cristal o se reflecta en un espejo, Ud. tiene instalada la hipótesis del espacio como cuerpo universalmente extendido, no como vacío,


EXPERIMENTO MENTAL ESTILO EINSTEIN
El siguiente experimento mental ha sido enviado mediante correo, en Enero de 1991, a sesenta universidades y laboratorios del ancho mundo. Lo mismo hice con los argumentos de esta monografía hasta el año 1996 mediante cuatrocientas cartas. Ni hablar de los miles de Email enviados luego a todos los físicos y estudiantes de física cuya dirección encontraba. Tendría que haber sido suficiente para que alguien se despabile: ¡Qué esperanza!
Buscando gente menos hermética, les escribí, más de una vez, a cientos de filósofos de la física (provenientes de la física y de la filosofía) cuya dirección de Email encontraba. Me contestaron dos, famosos en el ramo: Uno, que no podía ocuparse de mi propuesta porque tenía un familiar enfermo, y otro, que estaba yo inexorablemente equivocado, cualesquiera fueran mis argumentos. 
En este experimento mental se expone en forma didáctica lo que ya han demostrado miles de experiencias anteriores: que la luz participa de la inercia de su origen de trayectoria —cristales y espejos en el experimento de Michelson-Morley— aunque lo prejuicios no permitan su refrendo.
Por mencionar experimentos conocidos, además del de Michelson-Morley que se analiza en otra entrada de este blog, están los de Fizeau y otros de Michelson anteriores y posteriores al famoso hecho con Morley, donde la luz recorre muchos kilómetros sin que se manifieste el fenómeno de aberración de la misma.
Este experimento mental demuestra: que la velocidad de la luz en el vacío no puede ser constante, que depende del estado de movimiento de fuentes y observadores, que se propaga en el sistema de su origen de trayectoria y que cambia de velocidad cuando es reflejada, ¿qué le parece? ¿No debería ser suficiente para que la vida intelectual de la humanidad se sacuda violentamente?
De las primeras cartas enviadas en Enero del 1991 recibí cuatro respuestas (dos de Inglaterra, una de la India y otra de Argentina) de físicos que en lugar de advertir que este dispositivo desvanece las reglas de Einstein, me enviaban pacientes lecciones acerca de las mismas. Y algo más insólito aún (no haga lo mismo): alteraron las condiciones del experimento para analizarlo con ellas.
El experimento es el siguiente: un observador (uno solo ¡no ponga otro!) se halla situado en el justo medio de una plataforma en cuyos extremos se hallan dos fuentes de luz, apagadas por ahora. 
Esta plataforma se mueve en forma rectilínea y uniforme respecto de otras dos fuentes de luz, también apagadas, separadas una de la otra por la misma distancia que separa las de la plataforma, como muestra del dibujo abajo.



Cuando las fuentes sobre la plataforma móvil pasan por la posición de las fuentes fijas, como muestra el dibujo móvil de abajo, sobreviene el contacto entre las fuentes y como consecuencia se produce el destello simultáneo de las cuatro.



El dibujo móvil se ve en movimiento en Youtube. Buscar "Einstein tiene razón". 


Por supuesto que la plataforma no se queda detenida ahí, sigue su camino mientras las luces se dirigen al observador. Es necesario enfatizar que los dos destellos originados por las fuentes sobre la plataforma son vistos simultáneamente, esta es la condición principal que garantiza, de acuerdo con la relatividad, el simultáneo contacto y destello de las cuatro fuentes, obviando así la supuesta modificación de Lorentz de las distancias entre las fuentes en cada sistema.
En total acuerdo con la relatividad galileana, el observador percibirá primero el destello emitido por la fuente externa hacia la cual se dirige, luego y simultáneamente verá los destellos que partieron desde las fuentes sobre la plataforma y por último avistará el destello producido por la fuente externa de la cual se aleja.
Si la razón reinara en las academias de ciencias exactas del mundo, este experimento debería provocar estampidas de estudiantes y profesores por los pasillos de las universidades y honorables suicidios en masa, pues queda demostrado que no hay una única velocidad para la luz, porque el observador en su sistema de coordenadas percibe en tres tiempos diferentes a cuatro destellos que partieron simultáneamente desde una misma distancia.
Si pusiéramos otro observador, equidistante entre las fuentes externas, él también percibiría cuatro destellos en tres tiempos distintos que partieron simultáneamente desde una misma distancia. Los destellos fueron tan simultáneos para él como para su colega sobre la plataforma en movimiento. Entonces, la simultaneidad es independiente del sistema donde el observador esté ubicado y no implica velocidades instantáneas.
Si reemplazamos las fuentes sobre la plataforma por espejos convenientemente orientados (los espejos encenderían las luces, como muestra no muy bien el dibujo abajo), el resultado es el mismo.
Las luces emitidas por las fuentes externas alcanzan al observador en distintos tiempos y las reflejadas por los espejos llegan simultáneamente, entonces, la velocidad de la luz reflejada en un espejo es la conocida c, la única medida hasta ahora. Antes de llegar al espejo puede ser menor o mayor.
Einstein, en sus experimentos mentales, coincide totalmente con lo aquí expresado: él dice que las luces de origen externo llegan en distintos tiempos al observador porque viajan distintas distancias desde sus fuentes. También dice que las luces desde la plataforma llegan simultáneamente al observador, ya que parten al mismo tiempo y recorren la misma distancia ¿qué significa esto? que también para Einstein, sin que tuviera consciencia de ello, en este experimento habría tres velocidades distintas de luz.
La adición de velocidades clásica es válida aún para la luz, ella estaba presente en las especulaciones de Einstein por necesidad lógica, pero a la vez propuso el segundo postulado que dice lo contrario.
De la relatividad de Galileo se desprende que la luz, en tanto que onda, se retransmite en cristales y espejos propagándose en el sistema de estos elementos. Pero como el espacio como ente real tal que hipótesis subyacente no le permite a los físicos considerar esa posibilidad, la ciencia sigue empantanada, mientras que la comunidad de la física, vendados sus ojos como Don Quijote y Sancho Panza, presumen de estar avanzando a velocidades de vértigo.

CONSECUENCIAS DE LA ILÓGICA
Una mentira eficiente es la que aparenta coherencia con los hechos. Algo de esto sucede con las ecuaciones del híbrido einsteiniano.
¿Acaso es posible llegar a ecuaciones coherentes partiendo de una premisa falsa? claro que no, pero sucede que el criterio para justipreciar coherencias falla bastante, como el del científico que llegó a la conclusión de que la araña sin patas se vuelve sorda.
Como hemos leído en su artículo del año 1905 'Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento', Einstein vinculó dos sistemas en velocidad relativa mediante una misma velocidad de luz. Con esto creyó estar estrenando su flamante segundo postulado, cuando en realidad es un planteo clásico de la dinámica de Newton que describe interacciones entre partículas a velocidades cercanas a las lumínicas.
Cada interacción obedece a la tercera ley de Newton (acción y reacción) y dichas fuerzas no son instantáneas, se propagan a la velocidad de la luz.
Aunque en interacciones a bajas velocidades (empujar un mueble) consideramos que acción y reacción son simultáneas, sabemos que son consecutivas. La reacción es consecuencia de la acción y hay un tiempo entre ellas.
El tiempo entre acción y reacción deviene importante cuando la velocidad entre las masas que interaccionan es comparable a la velocidad a la que estas fuerzas se transmiten, ya sea dentro de las masas de las partículas que colisionan (el rebote no es instantáneo) o dentro de los campos eléctricos y magnéticos cuando la interacción entre masas ocurre mediante estos.
Como ejemplo de la interacción por medio de un campo eléctrico, magnético o combinado, está el de una partícula atravesando a gran velocidad el entrehierro de un espectrógrafo de masas, como muestra el dibujo abajo.
El ejemplo es conveniente porque mediante este instrumento los físicos creen observar el aumento de la masa con la velocidad todos los días.
Las fuerzas de acción y reacción entre la masa de la partícula y la masa del instrumento son transmitidas en sus campos a la velocidad de la luz como lo calculara Maxwell. Sin embargo respecto a las masas implicadas, tal velocidad de transmisión es relativa como lo indica el famoso y nunca entendido factor pitagórico. Este es el significado del factor pitagórico: no expresa otra cosa que la relatividad de la velocidad de luz en una teoría que dice basarse en su constancia.
Dicho factor no tiene sentido en el experimento de Michelson-Morley porque el instrumento no se mueve respecto del medio de propagación de la luz, pero sí tiene sentido en la descripción de las interacciones a velocidades lumínicas porque, en el caso del espectrógrafo, la partícula atraviesa el medio de propagación de las fuerzas de acción y reacción.
Veamos la expresión einsteiniana para la dinámica puesta más abajo ¿qué debemos interpretar allí? ¿Acaso que cuando una partícula pasa por un espectrógrafo de masas a la velocidad de la luz hace falta, debido al aumento de la masa con la velocidad, una fuerza horrorosamente grande entre partícula e instrumento para desviarla de su trayectoria?
Si se tratara de un acelerador de partículas podría interpretarse que para alcanzar velocidades cercanas a las lumínicas hacen falta fuerzas enormes, pero la explicación es muy distinta y totalmente inteligible. Lo que sucede en realidad, sin dar lugar a ningún otro tipo de interpretación, es que cuanto mayor es la velocidad entre las masas que interaccionan, mayor será, relativamente, el tiempo entre la acción y la reacción y por lo tanto menor será la fuerza efectiva implicada.
El factor pitagórico tiene sentido en el numerador, por lo menos en este contexto, porque si la partícula se mueve dentro del campo del instrumento a la misma velocidad a la cual se transmiten las fuerzas de acción y reacción, que es la de la luz (v = c), la velocidad relativa entre la partícula y la onda de transmisión es nula y por lo tanto así también la fuerza resultante efectiva (f) de interacción y como consecuencia la trayectoria de la partícula no será afectada. Esta es una interpretación razonable y no que la masa de la partícula haya aumentado tanto con la velocidad que sean necesarias fuerzas inmensas para desviarla, tal cual es la interpretación de la física moderna.
Lo que adjunta más confusión en los cerebros de los físicos es la observación de un fenómeno atribuido al retardo de los relojes anticipado por Einstein. Ya vimos que no hay dilatación del tiempo sino un protagonismo mayor de la demora entre acción y reacción cuando los cuerpos interaccionan a velocidades cercanas a la de la luz.
Como éste es un ensayo dirigido a gente informada (o que se informará después), daremos una explicación bien resumida para ir terminando este artículo.
El atraso de los relojes no es consecuencia de la (anti)relatividad einsteiniana ni tan digno de asombro como sus adeptos lo hacen parecer, y lejos de dar razones a la pretensión de viajar en el tiempo.
La causa del atraso de los relojes debido a la aceleración no es menos trivial que otras como el desgaste, la suciedad, la humedad o pilas acabadas. Es una consecuencia más de las previstas por las leyes de Newton: usemos como ejemplo gráfico el “reloj de luz”, usado por el einsteinismo para convencernos de que tal fenómeno ocurre en sistemas ajenos. Lo cual es falso debido a que, como ya se explicara, la luz no se propaga en un sistema universal, sino que participa de la inercia de su origen de trayectoria. En cambio, en sistemas acelerados ese fenómeno es obvio y necesario porque la distancia recorrida por la luz es mayor, como se ve en la figura.
A la izquierda está el reloj de luz funcionando en estado de reposo o en movimiento rectilíneo uniforme. Al participar la luz de la inercia de su origen de trayectoria, no hay atraso del reloj porque la composición newtoniana de velocidades también se cumple para luz. Pero a la derecha el reloj de luz funciona en un sistema acelerado, por lo cual atrasará sin remedio debido a que el trayecto entre los espejos es mayor.
Con respecto a la paradoja de los gemelos, no hay paradoja. El movimiento relativo no desincroniza los relojes, la que sí lo hace es la aceleración.

A MODO DE CONCLUSIÓN:
Con creencias en trasmundos parasitando la casi totalidad de los encéfalos humano, incluidas las supuestas mentes científicas, y con doctrinas igual de irracionales infiltradas y ocupando puestos de mando en los cuarteles de la lógica, ¿cuánto más habrá que esperar para que la física se convierta en una ciencia, es decir, una actividad consagrada a descubrir la verdad? Porque hoy no es ni por asomo la luz magnífica que barre las supersticiones y despeja el camino hacia una edad de la razón (no hay más que mirar a nuestro alrededor). Su existencia solo es tolerada, y bajo estricto control, por los gigantescos negocios que genera.

miércoles, 8 de enero de 2014

LA (ANTI)RELATIVIDAD DE EINSTEIN

Hemos leído, a mediados de Febrero del año dos mil dieciséis, que por fin han logrado detectar ondas gravitacionales y que tal hallazgo confirma la predicción de Einstein de que el espaciotiempo de su invención las transmitiría. Nada de eso. Las ondas gravitacionales, tal que modificaciones en la intensidad del campo gravitatorio que parten desde un cuerpo y se alejan hacia el infinito a la velocidad de la luz, no se propagan en ningún espaciotiempo, sino en el campo gravitacional del cuerpo. ¿Cómo lo sabemos? Lo sabemos porque, al igual que el éter, el espaciotiempo no existe, ya que contradice al principio de relatividad de Galileo con el que errada, o arteramente, apodan a la teoría de Einstein. Lo que en realidad se desprende de este principio es que los campos gravitacionales no son hondonadas en un común ente extendido, sino existentes por derecho propio, consustanciales a las partículas y a los cuerpos que rodean.


Muy pocos saben del actual escándalo de la física. Las causas del mismo son milenarias. Newton pudo haberlas corregido, pero optó por abortar la teoría que sus leyes gestaban. 
Pasaron más de tres siglos y no parece que su Dinámica vaya a desplegarse. Que la física de Newton diera todo lo que tenía, que la de Einstein sea su legítima continuación y que la primera esté contenida en la segunda, son falacias. 
Enraizada como se encuentra la falsa relatividad, es probable que la instauración de la verdadera deba esperar dieciocho siglos como el heliocentrismo, o veinticuatro como el atomismo, para regocijo de sus enemigos. 
Los paladines de la relatividad son muy raros, entre Demócrito y Galileo pasaron veintiún siglos, pero algún relativista raso predicando en el desierto siempre hay, consciente de que el materialismo y la relatividad, que muy bien explicara Galileo en su 'Diálogo sobre los sistemas máximos', son lo mismo.

Más de ocho mil opositores de Einstein figuran en la segunda edición de 'The Worldwide List of Dissidents Scientist'. La casi totalidad de ellos son antirrelativistas, están a favor del éter, y los pocos restantes son nuestros relativistas, están en contra del ente universalmente extendido, llámese éter, espaciotiempo, campo de Higgs, etc. 
Entonces... ¿cómo es posible que relativistas y antirrelativistas, con enfoques inconciliables, estén en la misma lista de contrarios a Einstein? Pues, porque Einstein contradice a unos y a otros, pero desde fuera de la lógica, claro está, porque no hay terceras opciones. 
Quizás Ud. piense: "Se ve que Einstein, con su cerebro privilegiado, encontró una alternativa que nadie podía ver y que los hechos respaldan". No, los hechos no la respaldan, su inadecuación es demostrada por la conocida erupción de absurdos. Sucede que las élites, desde hace miles de años, prefieren vivir sumergidos en algún océano universal (sensorio divino, éter, espaciotiempo... ) que expuestos al horroroso vacío. El Horror Vacui no es algo que experimente la Naturaleza, sino la élite ante la posibilidad de que el vacío del materialismo ateo deflagre por el mundo.  
El espaciotiempo es un pastiche que no solo contradice la relatividad, sino que el espaciotiempo de la (anti)relatividad general contradice al espaciotiempo de la (anti)relatividad restringida. 
Descontados los disidentes de la mencionada lista... ¿por qué la (anti)relatividad de Einstein, siendo un absurdo estruendoso, es sin embargo deglutida por los demás físicos del mundo? Como dijimos, algunas absurdeces transponen sus faringes rebosadas en el vocablo "paradojas", uso para el cual no aplican sus sinónimos: "contradicciones"; "incoherencias"; "disparates", etc. Al resto de las insensateces quizás no las quieran ver. No es para menos: discrepar de la física comúnmente aceptada y arruinar una carrera en la misma suelen ser la misma e irrecomendable cosa. 
Para los antirrelativistas, incluidos Einstein y sus prosélitos, el espacio no está vacío, sino lleno de un cuerpo universalmente extendido: para unos continuo, para otros granulado. En cambio, para los verdaderos relativistas el espacio es nada, es lo que no existe entre lo que existe, lo cual no es óbice para que en cualquier lugar del mismo se muevan, traslapen y yuxtapongan todos los campos del Universo. 
¿De qué discrepamos? Discrepamos de que el vacío esté lleno de un cuerpo universalmente extendido. Los campos no son un efecto que sobre un sistema universal provoquen los cuerpos (tal cosa impugnaría el principio de relatividad), sino que campos y cuerpos son cosistémicos, esto es, que cada campo conforma un sistema independiente con su núcleo, ya sea éste una partícula o una estructura de ellas.
Una de las tantas contradicciones de Einstein es que, habiendo acertadamente declarado innecesario el océano universal llamado éter para la descripción de la "Electrodinámica de los Cuerpos en Movimiento", en sus teorías no encontramos vacío al espacio como sería de esperar, sino que volvemos a empantanarnos en el cuerpo único universalmente extendido que propugnaban los místicos Platón, Aristóteles y Newton, que luego con Huygens y Fresnel devino "éter", solo que ahora no se llama más éter, sino "espaciotiempo" y que, al igual que el éter, no es la nada ya que se deforma, se pliega, se expande y se agujerea. Pero la faz académica de la élite, que tanto horror le tiene a la nada y al materialismo, ha hecho pasar desapercibida su obvia materialidad bajo el eufemismo de "espacio no euclidiano". Los agujeros de gusano —atajos dentro de los cuales Eleanor Ellie Arroway recorría galaxias por segundo en la película 'Contacto'—, vendrían a ser espaguetis de espacio euclidiano a través del espacio no euclidiano. Se ve que Carl Sagan también creía en portentos, debilidad que siempre les reprochara a los creyentes en pseudociencias y mundos de ultratumba.
Dentro del delirio de la física moderna tendemos a interpretar que más allá de los límites del Universo en expansión por fin está vacío. O sea: no es que la física moderna niegue el vacío, sino que el mismo se encuentra más allá de los límites del espaciotiempo permitiendo su "expansión". Esto genera algunas preguntas: ¿Es la materia solo posible dentro del globo de espaciotiempo? ¿Podría, acaso, haber cuerpos como estrellas, planetas, cometas, micrometeoritos o partículas escapadas del espaciotiempo y vagando por el verdadero vacío? Por otro lado: si la existencia de la materia fuera solo posible dentro del globo de espaciotiempo... ¿no sería, entonces, imposible viajar dentro de los agujeros de gusano ya que el interior de los mismos es verdadero vacío y no espaciotiempo?
Hablando de la nada fuera del globo de espaciotiempo en expansión: Esto a Hawking le habrá parecido una concesión intolerable al horroroso vacío, ya que leemos en uno de sus mamotretos que el espaciotiempo no se expande en el vacío, sino en un "vacío falso superdenso". Nos encontramos, entonces, ante un espaciotiempo que se expande a una velocidad inmensa venciendo la resistencia de un inconmensurable y solidísimo paredón (¡). 
¿Hasta cuándo seguiremos con estas bobadas? ¿Se reanudará alguna vez el despliegue de la verdadera física? No, no mientras la religión haga ventriloquia con los físicos sentados en sus rodillas; no mientras la física sea solo la sirvienta de la tecnología; no mientras se solape su verdadera misión: explicar la realidad; no mientras a los físicos no se les devuelva la brújula: el espacio vacío del materialismo y de la verdadera relatividad.
El principio de relatividad fue, justamente, lo que el teólogo Newton escamoteó mediante su "sensorio divino" o "espacio absoluto", su versión del antirrelativista océano universal que blandían los místicos Platón, Aristóteles y los monjes de La Escolástica en contra del vacío materialista del ateo Demócrito.
Que las fuerzas de interacción no se transmitan instantáneamente, sino a la velocidad de la luz, no invalida en absoluto la física que Newton abortara, y mucho menos significa que dicha velocidad tenga que ser "independiente del estado de movimiento de la fuente y/o del observador". Al contrario de la interpretación establecida, los mal comprendidos "efectos relativistas" se deben, justamente, a la relatividad de la velocidad de la luz, no a su constancia. Y no se trata de una peregrina ocurrencia; es lógico y manifiesto que así ocurre y así lo expresan, claramente, algunas de las propias y mal interpretadas ecuaciones de Einstein. 
Sucede, como miles de hechos lo indican, que la interacción entre los cuerpos se hace por medio de los campos, y las fuerzas van y vienen por ellos a la velocidad de la luz. Al ser ésta relativa, las fuerzas de interacción y sus consecuencias dependen de la velocidad relativa de los cuerpos que interaccionan y no de que la masa aumente con la velocidad ni de que el tiempo se estire ni del resto de las paparruchas.
Para los pocos que no cargamos con la hipótesis congénita del océano universal, el principio de constancia de la velocidad de la luz es tan falso que no es posible imaginar una pifiada mayor (aún habiendo escuchado toda la vida sobre la cantidad de experimentos que lo respaldan; de que no debería ser considerada una hipótesis, sino un hecho, y el resto de la perorata). La hipótesis subyacente del océano universal no permite, a los que padecen este parásito cerebral, darse cuenta de que el resultado de los "experimentos que lo respaldan" demuestran lo contrario, esto es: la luz participa de la inercia de los espejos en los que se refleja y de los cristales que atraviesa, por lo tanto, la adición newtoniana de velocidades se aplica también para la luz. O diciéndolo de otro modo: la velocidad de la luz medida por Michelson lo era solo respecto de los cristales y espejos del instrumento en los que se retransmitía, no respecto de cualquier otro sistema de coordenadas.
Debido a la mencionada hipótesis congénita, los resultados de dichos experimentos nunca fueron comprendidos. La verdadera interpretación —coherente con el principio de relatividad galileano que Einstein decía que reivindicaba— es que la luz no se propaga en un océano universal (por lo tanto en ningún éter ni espaciotiempo), sino que participa, aunque onda, de la inercia de los cristales y espejos en los que se retransmite. Los experimentos correctos, los que demostrarían este hecho sin más retorcidas interpretaciones, no se hicieron nunca, lo cual el improbable lector bien puede verificar buscando en la red mediante frases como: 'Experimentos que demuestran la constancia de la velocidad de la luz' u otras parecidas. Encontrará que en todos los experimentos la distancia recorrida por la luz es entre puntos fijos en el dispositivo de medición (cristales, espejos, pantallas... ), nunca desde fuentes, cristales o espejos viniendo o yéndose. 
Resumiendo: que las fuerzas de interacción no se propaguen instantáneamente, sino a la velocidad de la luz, no significa que haya que reemplazar la mecánica newtoniana por la quimera einsteiniana; y menos que dicha velocidad sea independiente del movimiento de fuentes y observadores.
Las leyes de Newton implican la relatividad, esto es: No hay un ente real como referente universal de movimiento: no hay sensorio divino ni éter ni espaciotiempo ni campo de Higgs. Por lo tanto, la realidad consiste de átomos, o agrupaciones de ellos, que se mueven unos en relación a otros en el vacío como decía Demócrito de Abdera. Lo anterior no entraña, como veremos, el olvido de las ondas y los campos que existen entre los cuerpos.
Las contradicciones ("paradojas") de la (anti)relatividad einsteiniana deberían inquietar mucho a los científicos —supuestamente, la herramienta inherente a su profesión es la lógica—, pero no. El einsteinismo los ha persuadido de que tales absurdeces no denuncian un error de razonamiento, sino: "una miopía inherente al cerebro humano que el de Einstein no padecía, probablemente por ser distinto en una cantidad inusitada de neuroglias". Hace más de un siglo que los físicos adhieren a este mito (que la moderna neurología está desguazando) e ignoran las alarmas de la lógica: "No hay contradicciones en la teoría de Einstein", nos dicen, "solo nos parece que las hubiera. Son errores de interpretación de nuestros precarios cerebros tridimensionales, algo así como espejismos o efectos ópticos".
Para retomar el camino de la ciencia hay que volver bastante, hasta los tiempos del materialista Demócrito unos dos mil cuatrocientos años atrás, y esto por dos motivos: Primero, porque la desinformación y el monopolio de creencias está en la esencia de las élites, y los registros y evidencias más famosos del encubrimiento de la verdad nos vienen de la época de este filósofo, de cuando su enemigo, el místico y aristócrata Platón, decidió pasar a mayores intentando quemar sus libros. Y segundo, para ajustar la definición de átomo del filósofo materialista.
La palabra átomo, que significa "sin partes", no se corresponde con lo que hoy llamamos así, esto es, las unidades químicas de materia de la tabla periódica de Mendeleiev, que, como ya sabemos, no son precisamente indivisibles. El atomismo de Demócrito tampoco permite dar cuenta de los llamados "campos", ya sean éstos gravitatorios, eléctricos, magnéticos, etc. Una nueva definición del átomo debería tener en cuenta lo siguiente:
1 - Si el movimiento de los átomos (o de los cuerpos tal que construcciones de ellos) es sólo relativo a otros átomos y cuerpos —y no existen los supuestos medios universales como el éter, el espaciotiempo y el campo de Higgs—, entonces el principio de relatividad galileano es inherente al atomismo de Demócrito.
2 - Habiendo campos alrededor de los cuerpos materiales y siendo universalmente válido el principio de relatividad —esto es: no siendo estos campos manifestaciones locales de un supuesto cuerpo universalmente extendido—, entonces dichos campos y sus cuerpos asociados conforman unidades independientes.
Los verdaderos átomos no serían, entonces, partículas mínimas. Lo que veríamos como tales —si pudieran verse— no sería otra cosa que centros, o puntos de contacto, de campos infinitos elementales. Los átomos no serían partículas indivisibles, sino campos infinitos elementales. Siendo los átomos de Demócrito y Giordano Bruno extensos e indivisibles, su extensión no tiene que ser mínima, el existencia de los campos nos revelan su infinitud, lo cual arroja luz sobre el entrelazamiento cuántico: una partícula en ciertas condiciones da cuenta de otra lejana en forma instantánea porque se trata del mismo ente (como propuso Bohm) extendido infinitamente. La tarea es descubrir las leyes que rigen la conjunción de dichos campos elementales en la configuración de las partículas conocidas y por conocer. Y si alguien no cree posible que lo elemental sea extenso y continuo, también reniega de Einstein y de su continuo espaciotiempo.


Las sombras que durante milenios encapotaron la ciencia de la física —que comenzaba a iluminarse gracias a Galileo— volvieron con el propio Newton cuando éste renegó de la relatividad que él mismo formulara. El influyente místico inglés cubrió la nada del ateo Demócrito —la nada es inherente al principio de relatividad— con un supuesto ente real y universal al que llamó "sensorio divino" y también "espacio absoluto". Tal es así que Hawking —suscrito a la corriente antivacío con Newton, Einstein y casi todos los científicos— en su 'Breve Historia del Tiempo' nos dice que la física de Newton se desprende de un sistema absoluto, lo cual no es cierto y él no puede no saberlo: la dinámica de Newton es relativista y no hay modo de inferir de ella la existencia de un sistema absoluto. Tal es así, que la (anti)relatividad einsteiniana surge, oficialmente, como solución al gran problema del siglo XIX, esto es, la supuesta incompatibilidad entre la relativista mecánica de Newton y el no relativista electromagnetismo de Maxwell, porque según éste todas las ondas y los campos electromagnéticos del Universo son sucesos locales en un medio absoluto llamado éter. Por lo tanto, no existiendo el éter, no habiendo un relleno universal para el vacío —tal fue la conclusión de Michelson después de tanto experimento— tampoco hay incompatibilidad entre la mecánica de Newton y el electromagnetismo de Maxwell.
Los fenómenos electromagnéticos, al igual que los mecánicos, son relativistas, es decir: si los campos y las ondas que ellos difunden no existen en un medio universal, entonces dichos campos son intrínsecos a sus fuentes, a sus cuerpos tal que sus núcleos, conformando ambos (cuerpos y campos) unidades independientes. Por lo tanto, Einstein no soluciona nada porque no hay nada que solucionar, salvo que su verdadero objetivo no fuera entender la realidad, sino, al igual que los místicos Platón, Aristóteles y Newton, proponer un modo solapado de resguardar el océano de Dios como creencia colectiva —llámese sensorio divino, éter o espaciotiempo—, el que, como vemos, fue recibido de buen grado por la faz académica de la élite.
Para que el improbable lector se haga una idea de lo lejos que estamos de reiniciar el desarrollo de la mecánica relativista basada en las leyes de Newton, en el 2012 el CERN anunció el "hallazgo" (sideralmente caro) del bosón de Higgs, que vendría a ser la molécula de las que estaría constituido el océano de Dios, la "prueba" de su existencia. En este caso, al océano de Dios no lo llaman éter, ni espaciotiempo, sino campo de Higgs. Pero, su función es la misma, ninguno de los tres existe, son entes universales ficticios, son argucias antirrelativistas, ideas de plenitud inyectadas en nuestros cráneos para desplazar al "horroroso vacío". 
Newton era consciente de que estaba congelando el desarrollo de su propia física, la que hoy debería regir en lugar de esta surrealista "física moderna", y no faltaron contemporáneos que le señalaran la contradicción entre relatividad y "sensorio divino". 
El místico inglés arrumbó la física materialista y se abrazó al "sensorio divino", en discordancia con los grandes aportes a la ciencia que se le atribuyen, porque, siendo teólogo, astrólogo y alquimista, no podía ser tan científico como nos han hecho creer. Lo cual quedó claro cuando se conocieron los escritos de su autoría que contenía el baúl que compró en un remate el economista John Maynard Keynes: El Newton científico que conocemos fue enriquecido mediante la poda de religión y pseudociencias que lo constituían en su mayor parte.
Newton renegó de la materialista y atea nada para no ser eyectado de una Cambridge dominada por platonistas y cuya verdadera función era formar clérigos, y para no compartir bancada e ir al infierno con el impío Demócrito y demás materialistas ateos.  
Sabemos que Newton vivió ochenta y cuatro años y que desde los cuarenta y uno no hizo nada por desarrollar su mecánica. En vez de eso, el resto de su larga vida lo dedicó a la magia, a borrar de la historia algunos de sus contemporáneos científicos y a recibir los máximos reconocimientos y honores... ya no sabemos si por sus grandes contribuciones a la física o por haber congelado su desarrollo. Hoy a nadie le dice nada que Newton, dedicado la mayor parte de su vida a la magia, resulte el mayor científico de todos los tiempos y que haya tenido una vida y una muerte de reyes, mientras que el relativista Galileo, un clásico ejemplo de coherencia científica, haya vivido sus últimos años preso y humillado a pesar de haber sido un mimado de poderosos y gran amigo del papa.
Se ha pretendido dar razón de las distintas suertes de Galileo y Newton apelando a sus distintas circunstancias. Si vamos a analizar tales diferencias no nos olvidemos de la diferente actitud de ambos frente a la relatividad: Galileo la mostró al mundo y Newton la escondió. Desde entonces comenzó toda una industria de artilugios para llenar la nada y en la cual se dilapidan siderales cantidades de dinero para respaldar sus supuestas existencias: entre los más notorios el Gravity Prove B para demostrar que la nada está llena de espaciotiempo y el LHC para demostrar que está llena de Higgs.  
Aunque creemos que es cosa del pasado, todo sucede como si intereses perversos —de los que obligaron a Galileo a decir públicamente que el Universo gira alrededor de la Santa Sede, no hubieran dejado nunca de manipular el conocimiento, de aturdir a la humanidad con incongruencias ataviadas de verdad científica y de instaurar desinformadores como grandes genios de la física.
Hoy, por estar la cultura enterrada hasta las cejas en el pantano einsteinista, hasta parece inocuo, inocente, sin importancia para el progreso de la ciencia, el que un científico participe también de las creencias enemigas de la misma. Así estamos, con científicos creyendo, entre tantas otras absurdeces, en mundos de ultratumba, en santones hindúes y tibetanos, en gente que vive actualmente en el pasado y en el futuro o en otras dimensiones y que nos visitan, y en que viajamos frecuentemente, desdoblados, al futuro (avalado por el American Institute of Physics, de Nueva York). Nadie debería reírse de las creencias del pasado porque las de hoy son mucho más desquiciadas y ridículas: ¿Es el hombre intrínsecamente irracional o lo es por obra de las infames pirámides sociales, rampas idóneas para el ascenso e instauración de obsecuentes, inescrupulosos, manipuladores y psicópatas en las cúspides?
El "horror al vacío" de Newton es el mismo que el de Platón, Aristóteles y los teólogos escolásticos enemigos del materialismo y destructores de la obra del atomista Demócrito. El porqué de esa actitud antivacío (antimaterialista) es consistente con que no se establezca que la realidad consta sólo de átomos y vacío, y que no hay un dónde para un trasmundo pleno de vida ultra terrena acondicionado para una esplendorosa (u horripilante) estancia eterna de miles de millones de almas. 
Es por ello que los milenarios átomos nunca serán admitidos (nos referimos a los verdaderos, porque no podemos llamar Sin Partes, por ejemplo, al "átomo" de Uranio 238, ya que consta de casi mil contando solo fermiones), y el vacío en serio, del que nada sale y en el que nada desaparece, tampoco. No hay más que ver los siderales costos disipados por el Gravity Probe B y el LHC (La Máquina de Dios), para que siga establecido que el vacío relativista es imposible, que el Universo es un lleno, un lleno antirrelativista de bosones de Higgs, según el CERN; un lleno antirrelativista de espacio consistente, según Platón, Aristóteles y la Escolástica; un lleno antirrelativista de sensorio divino, según Newton; un lleno antirrelativista de éter luminífero, según Huygens y Fresnel; y un lleno antirrelativista de continuo espaciotiempo, según Einstein.
Por eso es que, a pesar de la polémica entre Newton y Huygens sobre si la naturaleza de la luz era corpuscular u ondulatoria, el espacio absoluto del primero y el éter luminífero del segundo, y más tarde el espaciotiempo de Einstein y el campo de Higgs, tienen el mismo propósito: ocultar la nada porque en ella es imposible la supuesta compensación post mortem de las carencias impuestas. Miles de millones de pobres incordiarían exigiendo a las élites, esencialmente egoístas, justicia en vida, es decir, un mundo totalmente distinto.
Según las cuatro hipótesis mencionadas, todos los cuerpos del Universo se encuentran inmersos en un ente universal, luego, son cuatro artimañas contra la nada, contra el vacío en serio, contra la relatividad; son cuatro obstáculos para la intelección del mundo. Las cuatro son funcionales a la magia y al creacionismo porque de la verdadera 'nada' nada sale, no como la nada de la Biblia y de la física moderna de la que brotan universos.
Para más confusión, cuando a principios del siglo XIX se confirmó la naturaleza ondulatoria de la luz, se interpretó que Huygens estaba en lo cierto al postular al sistema universal llamado éter como medio de propagación de las ondas luminosas, y como la existencia del espacio absoluto también se daba por sentada —si bien para Newton la luz era de naturaleza corpuscular—, por qué no suponer que el de propagar la luz fuera una de sus virtudes.
Con el advenimiento del electromagnetismo, Maxwell —nacido y conformado dentro del clima antirrelativista—, dio por descontado que el asiento de los campos eléctricos y magnéticos y el medio de propagación de la luz era un sistema universal, llámese éter o espacio absoluto con los atributos que hagan falta. Este es el motivo por el cual, alrededor del año 1870, la física estaba separada en dos teorías adversas: la mecánica (relativista según su formulación) y el electromagnetismo (no relativista debido al enfoque sesgado de Maxwell). Tal separación no era real, sino generada por la suposición de que los hechos eléctricos y magnéticos acontecen en un ente universal y no en el sistema de la fuente como lo dicta el principio de relatividad.
Unir el éter y la relatividad significa inventar una teoría en base al éter y sin él a la vez. Tal cosa no es posible y ningún supergenio puede hacer nada al respecto, pero se le concedió a Einstein reconocimiento por este logro inexistente.
Hemos leído que —gracias, según dicen, a la inaudita cantidad de neuroglias en su cerebro y a un cráneo tan abultado atrás que preocupaba a su madre—, Einstein inventó la teoría que a pesar de prescindir del éter se basa en el éter.
Para satisfacer la primera condición tiene que cumplir con el primer principio, el de relatividad: el éter universal no existe. Y para satisfacer la segunda condición tiene que obedecer al segundo principio de su teoría: una única velocidad en el vacío para la luz... entonces para Einstein el éter —o como se quiera llamar: espacio absoluto o espaciotiempo— sí que existe porque una única velocidad para la luz es la condición de su existencia, ya que como medio ondulatorio único no admite ondas viajando entre los cuerpos a cualquier velocidad; proponer una única velocidad para la luz y admitir la existencia de un medio universal para su propagación es lo mismo.
Vemos que para Einstein y para los físicos actuales, igual que para Parménides, Zenón de Elea, Platón, Aristóteles, Newton, Huygens, Young, Fresnel, Maxwell, Hawking, etc. la nada es imposible.
Einstein en su artículo 'Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento' nos advierte de la contradicción entre ambos principios, pero enmarañado por sus prejuicios la supone aparente y sobre tan absurdo fundamento construye su "teoría". En realidad, no construye una teoría, sino un derrumbe que no explica nada, pero nos lo impusieron como si explicara mucho. La ciencia cuyo valor supremo es la verdad y la lógica su instrumento fue desmantelada. Sin la lógica como faro no hay lo que deje expuesto al engendro de Einstein, y los ámbitos reservados a los científicos se han llenado de místicos, extáticos «por la síntesis entre religión y ciencia».
No había nada misterioso en la conciliación de la mecánica de Newton y el electromagnetismo de Maxwell como se creía en el siglo diecinueve, no hacía falta la antirrelatividad einsteiniana: pasaba que el éter les nublaba el entendimiento.
De acuerdo con el principio de relatividad, el asiento de los campos (eléctricos, magnéticos, gravitatorios... ) no puede ser el sistema universal al que se apegan los físicos, por lo tanto debe ser propio de cada sistema. La calamidad que representa la teoría de Einstein es consecuencia de no haber advertido este detalle: los campos pertenecen al sistema del cuerpo que es su centro, su núcleo, lo cual no puede ser de otro modo:
Suponga un campo magnético que tiene como fuente un imán de hierro. El campo y el hierro constituyen un mismo sistema desde el hierro hasta el infinito; campo y hierro están en reposo el uno respecto del otro; cualquiera fuera su velocidad respecto de un observador, hierro y campo van juntos a la misma velocidad; la forma del campo no será distorsionada por causa de ninguna velocidad relativa entre el hierro y un supuesto medio universal.
Si el imán como fuente produjera variaciones en la intensidad del campo, tales modificaciones se propagarían desde el hierro hacia el infinito a la misma velocidad, la calculada por Maxwell, en todas direcciones. Por lo tanto, no sería posible, por medio de un experimento —electromagnético en este caso—, medir la velocidad absoluta del hierro estando en el sistema del mismo: la relatividad sería corroborada.
Pero Maxwell se había formado, dijimos, en un clima antirrelativista. El creía que el hierro y su campo existen en diferentes sistemas. El campo existiría en el éter (o en el espacio con propiedades manifiestas), lo cual contradice la relatividad, ya que la forma del campo sería una función de la velocidad del hierro. Si el hierro generara variaciones en la intensidad del campo, tales cambios se propagarían como ondas desde el hierro hacia el infinito. Si el hierro estuviera inmóvil en el éter (velocidad absoluta nula), tales ondas se alejarían de su fuente a la misma velocidad en todas direcciones. Pero si el hierro tuviera velocidad respecto del éter, las ondas ya no se alejarían a la misma velocidad en todas direcciones, lo cual sería más evidente cuanto mayor fuera la velocidad del hierro, lo que, contrariamente a la relatividad, permitiría medir la velocidad absoluta del mismo, que fue lo que pretendieron hacer Michelson y Morley. 
Los fenómenos electromagnéticos son creados en el sistema de su fuente y no en uno universal. La luz se propaga en el sistema de su origen de trayectoria, y como cualquier ente real, participa de la inercia de aquel, como bien lo explicara Galileo en la segunda jornada de su 'Diálogo sobre los sistemas máximos'.
En el siglo diecinueve los físicos tenían que escoger entre si el campo pertenece al sistema de su fuente o a uno universal. La segunda opción es antirrelativista, pero fue la elegida ¿A qué se debió semejante pifia? 
Si es una pifia, y no un sabotaje, la causa debe ser una desventurada analogía con la atmósfera, ya que en ella estamos inmersos y ella transmite ondas, de sonido, a velocidad única respecto de su medio. Tal analogía no corresponde a la luz en el vacío, ya que, en el caso del sonido, la fuente y el medio de propagación pertenecen a diferentes sistemas. Pero la creencia subyacente es que las estrellas, planetas y todo lo que flota por el cosmos, están inmersos en una especie de atmósfera universal, la cual debería propagar las ondas electromagnéticas a velocidad única a su respecto. 
En semejante universo no hay relatividad, y tal concepción errónea explica todos los intentos de medir la velocidad de la Tierra en la "atmósfera universal".
La idea de luces viajando por el vacío con diferentes velocidades no cabe en el cráneo del que padece de éter. Quien piense que la luz no puede viajar a diferentes velocidades en el vacío es un creyente del éter, porque ésta es la condición del mismo: no puede haber más de una velocidad de onda en un mismo medio de propagación.
Según la relatividad bien entendida, la luz se propaga a una única velocidad pero en su propio medio de propagación, en su propio sistema de referencia donde fue originada su trayectoria. Entonces, la luz no tiene por qué viajar a velocidad constante respecto de otros sistemas.
La velocidad de la luz es inevitablemente dependiente del estado de movimiento de la fuente y el observador. Como es de esperar, la composición newtoniana de velocidades es aplicable también para la velocidad de la luz, ¿por qué no se han detectado, entonces, diferentes velocidades de luz? Porque no se han utilizado, ni pergeñado aún —debido a una enredadera de prejuicios—, los instrumentos adecuados. Demostrar la relatividad de la velocidad de la luz no genera más dificultades que los experimentos de Fizeau de hace ya un siglo y medio. Sólo hay que evitar que la luz procedente de una fuente móvil se retransmita en espejos y cristales inmóviles en el recorrido de la luz a observar.


La idea de diferentes velocidades de luz en el vacío es aceptada una vez que se entiende la razón, pero la constancia de la velocidad de luz sólo por confianza irreflexiva en el principio de autoridad. Si tal concepto fuera verdadero, dos rayos de luz provenientes de dos fuentes en diferentes estados de movimiento deberían recorrer en el vacío, sin ningún tipo de interferencia en su trayectoria, una misma distancia en un mismo tiempo. O, de modo más lapidario, un mismo rayo de luz debería recorrer en el mismo tiempo la misma distancia en dos sistemas de referencia distintos. Imposible, sin embargo, eso es lo que dice el principio de constancia de la velocidad de la luz. Ninguno de los experimentos que se mencionan como evidencia de la validez del segundo postulado cumple con esta necesaria condición. Contra todo criterio razonable esta simple prueba nunca se hizo y su resultado no daría lugar a aberradas interpretaciones como con todos los experimentos anteriores. Lo que siempre han demostrado tales experimentos es que la luz participa de la inercia de su origen de trayectoria. Claro que esa no es la interpretación oficial, pero como el lector bien puede verificar, las luces observadas en dichos experimentos nunca partieron de fuentes en movimiento.

martes, 7 de enero de 2014

LA RELATIVIDAD ADULTERADA

Hemos leído, a mediados de Febrero del año dos mil dieciséis, que por fin han logrado detectar ondas gravitacionales y que tal hallazgo confirma la predicción de Einstein de que el espaciotiempo de su invención las transmitiría. Nada de eso. Las ondas gravitacionales, tal que modificaciones en la intensidad del campo gravitatorio que parten desde un cuerpo y se alejan hacia el infinito a la velocidad de la luz, no se propagan en ningún espaciotiempo, sino en el campo gravitacional del cuerpo. ¿Cómo lo sabemos? Lo sabemos porque, al igual que el éter, el espaciotiempo no existe, ya que contradice al principio de relatividad de Galileo con el que errada, o arteramente, apodan a la teoría de Einstein. Lo que en realidad se desprende de este principio es que los campos gravitacionales no son hondonadas en un común ente extendido, sino existentes por derecho propio, consustanciales a las partículas y a los cuerpos que rodean.


El principio de relatividad, el trascendente hallazgo de Galileo, no fue comprendido por los físicos. Sus aplicaciones y consecuencias ni siquiera se sospechan. Hoy vivimos una expansión tecnológica sin precedentes, pero no es la era de la física. 
El funcionamiento de los artilugios que hoy nos maravillan no se debe al conocimiento exacto de las leyes de la naturaleza. La física y la tecnología se potencian mutuamente, pero no son lo mismo. Muchos milenios antes de que Newton formulara su mecánica ya existían numerosos ingenios. Los chinos inventaron e hicieron funcionar de todo sin las leyes de la física y de la química surgidas en Europa.  
¿Qué significa el "hallazgo" del bosón de Higgs? Significa que la era de la física seguirá postergada y que por mucho tiempo más nos seguirán bombardeando con "teorías" y "descubrimientos" inauditos. 
Lo que haya sido que encontraron en el CERN no es la "partícula divina", la molécula de un océano universal, porque no existe tal cosa. ¿Y por qué sabemos que no existe? Porque si existiera, el principio de relatividad sería falso. El campo de Higgs no es más que otro bozal para la relatividad, como lo es el espaciotiempo de Einstein, el éter luminífero de Fresnel y el sensorio divino de Newton. La era de la física seguirá postergada hasta que no se libere la relatividad. 

                         
                                 ¿Y qué es la relatividad?

La relatividad es inherente a la filosofía materialista del ateo Demócrito. Siendo colosal la gravitación de las religiones en los siglos que vivimos, la reivindicación de la relatividad no es esperable en el corto plazo. Según dicho filósofo, la realidad consiste en unidades elementales de materia que se mueven unas respecto de otras en la nada; todo movimiento es relativo entre los entes existentes; no hay movimiento respecto del espacio porque éste no existe; el espacio es 'lo que no existe entre lo que existe' y no un continuo ni granulado cuerpo único universalmente extendido que se expande, se deforma y se agujerea. 
Galileo, en su 'Diálogos sobre los sistemas máximos' explica las consecuencias de la relatividad de la siguiente manera: 
«Encerraos con algún amigo en la mayor habitación de un gran navío, donde haya moscas, mariposas y animalitos semejantes, y además, un recipiente de agua conteniendo pececillos. Suspended también un cubo que gota a gota vierta agua en otro vaso de boca angosta puesta debajo. Y estando la nave detenida, observad atentamente cómo aquellos animalitos, volando con igual velocidad, van hacia cualquier parte de la habitación. Se verá nadar a los peces indistintamente en todos sentidos; las gotas al caer entrarán todas en el vaso puesto bajo el cubo; y al arrojar a vuestro amigo alguna cosa, no tendréis necesidad de enviarla hacia aquella parte con preferencia a ésta, cuando las distancias son iguales, y si saltáis con los pies juntos, salvaréis iguales espacios en cualquier dirección. 
Habiendo observado atentamente todas estas cosas, haced mover la nave con cuanta velocidad queráis que —mientras que el movimiento sea uniforme y no se aparte de la línea recta— no reconoceréis la más mínima mutación en todos los efectos mencionados y de ninguno de ellos podréis deducir si la nava se mueve o está quieta; al saltar salvaréis en el piso los mismos espacios que antes y no porque la nave se desplace con gran velocidad daréis un mayor salto hacia popa que hacia proa, aunque en el tiempo que estáis en el aire el piso se mueve debajo de vuestros pies hacia la parte contraria a la del salto; y tirando cualquier cosa al compañero, no será necesario arrojarla con mayor fuerza para alcanzarlo ya esté hacia proa o hacia popa; como antes, las gotas caerán en el vaso inferior sin desviarse hacia popa o hacia proa, aunque mientras la gota está en el aire la nave se traslade muchos palmos; los peces en el agua no nadarán con más fatiga hacia una parte u otra del recipiente que contiene el líquido y limita sus movimientos, y finalmente, las mariposas y las moscas continuarán indiferentes su vuelo en todas direcciones».
Lo anterior significa: “Ningún experimento realizado sin referencia exterior puede determinar si el dispositivo se encuentra en reposo o en movimiento uniforme. Y “ningún” significa que no hay excepciones. Cualquier experimento que utilice luz u ondas electromagnéticas obtendrá el mismo resultado, y de hecho, habiéndose realizado muchos experimentos, nunca ha sido de otro modo.
Este incomprendido descubrimiento es la esencia de la revolución copernicana, el destilado último del trabajo de Copérnico: la tierra no es el centro del Universo, el Sol tampoco lo es, siendo una estrella más de la inmensa cantidad que existe. Tampoco la galaxia a la que pertenece, ya que hay miles de millones. Todo ocurre como si cada partícula no acelerada fuera el centro del universo, no hay ningún éter ni espaciotiempo ni campo de Higgs al cual referir su estado de movimiento y ningún experimento puede demostrar lo contrario.
Sin embargo, la revolución relativista que por fin comenzaba a tomar forma con Newton fue saboteada por él mismo. ¿De qué estamos hablando?
Hoy estamos bajo el imperio de la relatividad einsteiniana, ¿por qué? ¿por qué hay "otra relatividad”? ¿Hubo, entonces, algún hecho físico o experimento que revelara la inadecuación de la relatividad galileana? ¿Cuál? ¿El de Michelson-Morley, por ejemplo? ¿Reveló, acaso, este experimento realizado en la Tierra el movimiento absoluto de la misma? No hay más que ver las expectativas que impulsaron ese experimento y las explicaciones actuales sobre su resultado negativo para convencerse de que el principio de relatividad nunca fue comprendido por los físicos. El objetivo de ese experimento era, justamente, confirmar la hipótesis contraria, la falsedad de la relatividad, la existencia de un referente universal de movimiento.
Pero dado el resultado adverso, ¿cuál fue la conclusión a la que arribaron? ¿a que Galileo y su principio de relatividad estaban en lo cierto? Pues, no. Si así hubiera sido no estaríamos metidos en este escándalo silencioso. Por increíble que parezca, la conclusión fue que la física clásica era inadecuada, insuficiente para describir los fenómenos ópticos y electromagnéticos, siendo que el principio de relatividad y la adición newtoniana de velocidades habían sido validados nítidamente. 
Pero, tiene que haber motivos para que miles de investigadores desestimen (o no encuentren) esta explicación, ¿cuáles serían éstos?
En gran parte, tales razones radican en presupuestos inconscientes, entre ellos, la inercia del paradigma en el que los científicos trabajan como bien lo explicara Kuhn. Esta especie de sistema cerrado no se abandona hasta que no da más, hasta que ya no explica más nada, y así mismo tienen que surgir algunas mentes temerarias con otro paradigma, generalmente resistido, que va ganando adeptos a cuenta gotas hasta formar una masa crítica que desencadena el cambio de marco conceptual.
Por supuesto que en la inercia y cohesión de un paradigma interviene una red de factores subyacentes entrelazados entre los que hay que contar el principio de autoridad científica; la confianza irreflexiva en las enseñanzas infligidas por maestros y profesores; el hecho de que en general se trata del trabajo del cual se subsiste; la seguridad que inspira el consenso, indiferencia, costumbre, etc. Pero la más importante de estas subyacencias es mucho más antigua y tiene raíces harto profundas, tanto que parece formar parte del fundamento de nuestra percepción. Tan poderoso es dicho presupuesto, tan arraigado está en la mente que Kant estaba convencido de que no existía fuera de ella, sino que nacíamos con esta “condición a priori de la intuición”: el espacio, que solo existía en la mente, siendo el marco psíquico donde se organizan los datos que captan nuestros sentidos. 
Es cierto que el espacio no existe fuera de nosotros, pero está tan incorporado como existente en nuestra percepción de la realidad que nos cuesta definirlo sin caer en contradicciones: acabo de escribir “es lo que no existe”, “es lo que no es”.
Esta dificultad para entender el espacio como “nada” no es solo retórica, viene ocasionando inmensos problemas desde quién sabe cuándo. Los primeros registros de estas dificultades nos llegan a través de Zenón de Elea y sus aporías, contradicciones que surgen por referir el movimiento a la nada, siendo que todo movimiento es relativo entre cosas existentes. 
Por referir el movimiento al espacio tal que existente, Zenón concluyó que el veloz Aquiles nunca podría alcanzar a la tortuga. Tampoco podría alcanzarla un “fórmula uno”o un misil. Mientras que si el espacio no es otra cosa que la distancia entre Aquiles y la tortuga, las aporías se esfuman.
No nos extenderemos en las especulaciones de más filósofos que se han ocupado de 'lo que no existe entre lo que existe', pero mencionaremos al notorio Parménides. Éste cortó por lo sano y dijo algo así como “no hay lo que no existe, por lo tanto, no hay lugar para que se puedan mover las cosas, y si las vemos moverse se trata de una ilusión, la razón no valida el movimiento”.
Avancemos unos dos mil cien años hasta Newton: Aunque éste haya sido, según el consenso actual, el mayor físico que haya existido, la mayor parte de su tiempo la ocupó en actividades contrarias a la ciencia. Una de ellas fue introducir en la física al sensorio divino (o espacio absoluto), sin que pudiera nunca, ni él ni nadie, justificar su introducción. Sus ecuaciones son irremediablemente relativistas, por eso funcionan, pero Newton, en su mundo esotérico, consideraba que el espacio absoluto existe y que es el sensorio con el que Dios monitorea todo el Universo.
A pesar de que el espacio absoluto no es más que una anécdota en la física de Newton, sin que ésta indique el más mínimo criterio para su determinación —y también que su teoría corpuscular de la luz prescinde de tal espacio—, los textos y artículos actuales de esta ciencia pregonan arteramente que el espacio absoluto es inherente a la física clásica, que ésta no se entiende sin él.
Con Huygens, Young y Fresnel el espacio ya no era el existente pero intangible de Newton, sino un ente manifiesto que transmitía la onda luminosa. 
Es cierto que la luz parece propagarse como onda y que no hay ondas sin el medio que ondule, pero éste no puede ser un cuerpo universalmente extendido. Si todo lo existente estuviera sumergido en un ente universalmente extendido y la luz fuera una onda que que se propaga en él, la relatividad no sería válida. La creencia en dicho ente motivó la realización del escrupuloso experimento de Michelson-Morley y su famoso fracaso. El propio Michelson concluyó en que: «No existe tal medio extendido»No le llevaron el apunte. 
La faz científica de la élite abomina del principio de relatividad y de todos los experimentos que lo confirman, como si no le fuera permitido aceptarlo, tal es así que la relatividad einsteiniana no es la relatividad, sino una absurdidad: "Todo está en reposo en el éter", que sería el espaciotiempo de la TRR lo cual niega el movimiento como Zenón de Elea y por los mismos motivos. Para colmo el espaciotiempo de la TRR contradice al espaciotiempo de la TRG: "Todo está en movimiento respecto del éter". Por eso decimos que la teoría de Einstein es 'La relatividad adulterada' o saboteada.
Entonces, si la luz tal que onda no se propaga en un medio universal, ¿cómo es que se propaga? Creí haber sido el primero —por ingenuo, por creer en la física establecida— en ocurrírseme la solución, pero años después alguien me avisa de que hubo uno antes: Carlos Lugo, que claramente lo expresara en su ignorado libro ‘Los rayos simultáneos’ (Editorial Americalee, 1968). Por mi parte llegué a esta conclusión en Agosto del año 1990, lo comuniqué por correo a físicos y universidades de varios países, sin repercusión, obviamente. 
Por supuesto que después me entero, Web mediante, de que hay miles de físicos disidentes que dicen cosas parecidas y que lo vienen diciendo desde siempre ('The worldwide list of dissidents scientists'), y no es, como dijera Einstein, que si él no tuviera razón bastaría uno solo para refutarlo. Hay creencias, con miles de millones de adscritos, que no tienen ni pie ni cabeza, y no por ello están en riesgo de desaparecer. Qué esperanza. 
Para entender cuál es el medio en el que se propaga la luz, sin contradecir la relatividad, es primordial no perderla de vista:  
Supongamos un imán... ¿qué es el campo que detenta? ¿un efecto sobre un tercer ente extendido o un existente autónomo? 
Según el principio de relatividad, los campos tienen una existencia independiente, cosistémica al cuerpo central, porque si fueran un efecto sobre un tercer medio extendido el campo se deformaría cuando el imán viaja a través de él, y la deformación sería proporcional a la velocidad del imán respecto del ente extendido. Dado lo anterior, un experimentador con un imán podría diferenciar entre el reposo y el movimiento rectilíneo uniforme y así impugnar la relatividad. Nada de eso ha ocurrido. El campo magnético de un imán no nos informa sobre nuestra velocidad respecto del espaciotiempo ni de ningún otro ente universal.
Finalmente: ¿Cuál es el medio que propaga la luz como onda que es?
Volviendo al imán, el mismo es el centro de su campo magnético. De haber modificaciones en la intensidad del campo éstas se propagarían como ondas desde el imán hacia el infinito a la velocidad de la luz. La onda electromagnética se propaga en su propio medio, no en uno universal.  En "la electrodinámica de los cuerpos en movimiento" se debe usar la adición newtoniana de velocidades, ya que los campos propagadores de ondas viajan a la misma velocidad que sus cuerpos centrales.  
Pero, sabemos que el tercer ente universalmente extendido nunca fue abandonado. Einstein, en lugar de advertir que la luz participa de la inercia de los cristales que atraviesa o reflecta, instituyó que la velocidad de la luz es independiente del estado de movimiento de fuentes y observadores.
Lo anterior no solo contradice el sentido común, sino las leyes supremas del pensamiento. El segundo postulado de Einstein significa que observadores en cada sistema en MRU se pueden considerar los únicos en reposo en el éter de Lorentz y que son los otros los que están o no en movimiento a su respecto sufriendo contracciones de longitudes y retardos en sus relojes según la velocidad. Pero si cada sistema en MRU estuviera inmóvil en el éter de Lorentz no habría movimiento: la misma conclusión que Zenón de Elea, dijimos, y por la misma causa, la de abominar del vacío. Salvo que Zenón estaba feliz con su conclusión, contraria al movimiento, que le daba la razón a su maestro Parménides. 
Las pruebas de que la luz participa de la inercia de cristales y espejos son múltiples. En ellas la luz recorre kilómetros, cientos de ellos entre lentes y espejos en algunos experimentos de Michelson, sin que su trayectoria se vea afectada en lo más mínimo por la velocidad de la Tierra alrededor del Sol (o por la velocidad mucho mayor alrededor del centro de la Vía Láctea), sin que el fenómeno de aberración se manifieste cuando la luz tiene origen terrestre.
El espaciotiempo y la relatividad se excluyen lógicamente. Una teoría que contenga a ambos es absurda, con consecuencias del mismo tenor: dilatación del tiempo, contracción de longitudes, aumento de la masa con la velocidad, relatividad de la simultaneidad… Una teoría falsa no puede explicar nada y sus contradicciones saltan a la vista. En el experimento de Michelson-Morley, por ejemplo, las ecuaciones de Einstein indican que uno de los brazos del interferómetro se contrajo, mientras que la misma teoría dice que tal cosa no pudo ocurrirle a dicho aparato ya que estaba inmóvil en el laboratorio, y así todas sus consecuencias. Si no perdemos de vista la relatividad como la describió Galileo veremos que los fenómenos cuya explicación mal se le atribuye a la teoría de Einstein encuentran explicación racional en las leyes de Newton. El aparente aumento de la masa con la velocidad, por ejemplo, se debe a que la fuerza de interacción entre campos no depende únicamente de su intensidad y distancia, sino también de la velocidad a la que se transmiten dichas fuerzas, que es relativa como toda velocidad. Es por eso que si una partícula atravesara el campo combinado de un espectrógrafo de masas a la velocidad de la luz no sufriría modificación en su trayectoria: es porque la fuerza de interacción sería nula, no porque la masa se haya vuelto... infinita.